Más allá de los resultados, una victoria y un empate, los equipos colombianos que sobreviven en la Copa Santander tuvieron una buena semana, pues mostraron fútbol y una saludable tendencia a intentar jugar bien la pelota y no refugiarse en defensa.
Los rivales no fueron excepcionales y confirmaron la pobreza del balompié paraguayo a nivel de clubes, por lo que el análisis definitivo tendrá que hacerse cuando se midan a los auténticos “cucos” de los respectivos grupos, los brasileños São Paulo y Corinthians.
El técnico Juan Carlos Osorio planteó con el Once Caldas ante el modestísimo Nacional un módulo con tres defensores y dos carrileros que se replegaban bien para montar los cinco defensores cuando lo atacaban. Lo mejor del equipo manizaleño fue la velocidad de maniobra, bolas cruzadas a las espaldas de los zagueros y la salida por los costados. Muestra un equipo joven, con buen pie, manejo de balón, inteligente, pero con notable deficiencia en el rubro definición. Por eso no ganó por una ventaja abismal.
Medellín tuvo gran carácter y determinación. Al principio lo guió Tressor Moreno, quien metió una bella estocada en el corazón de la zaga del Cerro en el pase a Pardo. Luego, cuando se le fue el aire al 10, calor y humedad de por medio en Defensores del Chaco, los rojos siguieron atacando y tuvieron el partido en los botines de Felipe Pardo y César Valoyes, quienes perdieron tres ocasiones inmejorables de gol.
De todas formas, el DIM del empate lució sólido, con personalidad, sintiéndose campeón y dueño de una idea y una estructura. Cuando se tiene un arquero de la talla de Aldo Bobadilla, todos respiran tranquilos, algo que no tiene el Once, porque Héctor Landázuri no emite señales de confianza colectiva.
Los tres equipos colombianos en Copa, uno eliminado y dos en liza, adolecen del mismo problema, del tópico común al fútbol nacional: la definición. Si Júnior hubiera metido todas las que creó en los dos partidos ante Racing habría clasificado. El “virus” de la impotencia atacante esta ahí, vivito y las pocas vacunas que salen contra ese mal, los Jackson y los Teófilo, emigran donde compran esos goles a precios elevados.
Por lo pronto, el Once sigue en construcción y será contra São Paulo y Monterrey, con los que debe pelear el cupo a la segunda ronda, cuando debe mostrar de qué está hecho. Medellín dio un gran paso robándole puntos al Cerro, que al lado de Corinthians son los auténticos rivales.
Recuerden: tan sólo pasan los seis mejores segundos de cada grupo, porque los otros dos cupos se los dio la Conmebol a los equipos mexicanos que se retiraron el año pasado. Una cosa de locos… de locos directivos ávidos de billete.