La elección de un rival para un amistoso depende de muchos factores. Primero, si es un amistoso a mitad de competencia o si es un fogueo previo a una intervención oficial, es decir, el momento condiciona la selección del adversario.
En el caso concreto de Haití, rival escogido por la Federación y Pékerman para jugar antes de la Copa América Centenario, las redes sociales y la gente del fútbol se volcó en seguida a descalificar el adversario y catalogarlo como otro equipito “chatarra” de los que se utilizaron en los últimos años cuando Luchito y sus secuaces de Full Play manejaron el calendario internacional.
Esta vez voy a estar en total desacuerdo con todos. A cuatro días del debut ante Estados Unidos la selección no puede encontrar un adversario de otro tono, de otras características. Primero, no hay rivales disponibles porque los europeos andan en la Eurocopa y están atareados, y ellos no van a ir a Estados Unidos ni Colombia puede moverse a Europa. Cargarle otros doce mil kilómetros a la plantilla para un amistoso no tiene sentido. Descartado un rival europeo, en América no quedan muchas posibilidades, pues no se debe enfrentar a un equipo “fuerte y grande”, Argentina, Chile, Brasil y Uruguay por dos cosas: la primera, el peligro de un mal resultado y una mala presentación que acabe la moral. Y segundo, porque en un partido a todo ritmo pueden quedar lesionados o golpeados previos a la inauguración. No olvidar que Colombia abre la Copa Centenario en Santa Clara a los cuatro días.
Esta vez, y no es contradicción, el técnico y la Federación escogieron un rival que puede ser acomodable, manejable, donde se les va a dar ritmo y rodaje a unos jugadores que están listos para entrar en competición.
Otro tema en el que estoy en desacuerdo con el concepto global es el de adelantar los partidos a horarios terribles por cuenta de la imprevisión, ausencia de sentido común, desatino y desgreño del Gobierno Nacional en el manejo del sector eléctrico. Hay más de politiquería, mermelada, canje de favores con el Gobierno que otra cosa. Al final de cuentas el nuevo estilo de la administración de la Dimayor, en cabeza de un político, es que se está trabajando con el estilo politiquero y manzanillo que tanto se critica. Perdomo es un político profesional, quemado en varias elecciones, levantador de votos y, como tal, con el afán de yo te doy, tú me das, está gobernando.
No les parece muy curioso que Coldeportes le haya dado vuelo y reconocimiento al Atlético, con su cambio de nombre, en el momento en que el fútbol le “colabora” al Gobierno adelantando partidos. Mermelada opita.