Al aficionado común y corriente no le entra en la cabeza que Falcao haya terminado en el Mónaco y no en un club de la élite mundial, un Chelsea, Manchester o Real Madrid. Desde el ángulo de esos hinchas que desconocen el trasfondo de la operación, Radamel prefirió llenarse de euros a una gloria deportiva.
Es necesario partir de un principio claro: Radamel no define su futuro. Sus derechos deportivos tampoco pertenecen al Atlético de Madrid. El colombiano es una ficha más, muy valiosa por cierto, dentro del engranaje del empresario portugués Jorge Méndez, el mismo que maneja a Mourinho, Cristiano Ronaldo, Hulk, Coentrao, Di María, Pepe, para citar tan sólo algunos de los 150 jugadores que pertenecen a Gestifute —Gestión Empresarial de Futbolistas Extranjeros—, una de las empresas que hacen parte de Doyen Sports, la marca mayor del holding de Méndez. Y por lo tanto, Radamel va a parar donde su empresario lo ubica, donde le asegura una ganancia triplicada con relación a lo que ahora devenga —pasará de cuatro millones y medio de euros anuales a catorce— y donde el negocio sea bueno para las partes.
Y es precisamente ese detalle, el pertenecer a la cuadra de Méndez, lo que le impidió a Radamel aproximarse al fútbol inglés, pues tras los desafortunados casos de Mascherano y Tévez, propiedad en ese momento del iraní Kia Jorochian, la Asociación Inglesa reglamentó que los futbolistas de la Premiere no pueden ser propiedad de particulares y sus derechos deben ser de clubes.
Desde que Oporto lo negoció al Atlético, ya un pedazo de la operación era propiedad de Méndez, 20 millones de euros, el 50% del pase, y cuando el elenco madrileño incumplió en los pagos, el portugués acabó de pagar la transacción y terminó propietario del 90% de los derechos de Falcao.
La Fifa tiene prohibidas estas operaciones, pero se hace la de la vista gorda, y Platini, presidente de la UEFA, dice que son la “esclavitud moderna”, pero siguen existiendo, todos lo saben, y nadie logra impedirlo. Pregunten un poco de quién son los derechos de Teófilo y de Gio Moreno, propiedad de la “casa Kirchner”, empresarios allegados a la Presidencia de Argentina, y entenderán por qué el antioqueño terminó en China.
Méndez no hace obras de caridad, es un bucanero internacional y su única misión es ganar plata, y si logra conseguir en el camino a un ricachón ruso, Dmitry Rybolovlev, que acaba de comprar el Mónaco y tiene 250 millones de euros para invertirle a su nuevo “juguete”, pues el portugués le suministra los jugadores y salva su platica y se llena los bolsillos.
Por lo tanto, Falcao no depende de sus gustos y carece de voz y voto en el tema…