Cuando uno de los grandes del fútbol mundial pasa una temporada y no obtiene un solo título tiene un nombre: fracaso.
Lo vivió el Barcelona el año pasado y lo vive el Real Madrid en este, tras la eliminación de la Champions por mano de Juventus. Madrid está fuera de Copa del Rey y Champions y a la espera de un hipotético milagro, la derrota del Barcelona en los últimos dos partidos, para ganar la Liga española. Hasta diciembre parecía que el cuadro de Ancelotti cabalgaría en la Liga. Su rendimiento era espectacular, la BBC una locura, Cristiano estaba desbordado marcando goles, James e Isco espectaculares en creación y la pareja Kroos-Modric marcaban un equilibrio táctico. En diciembre sonaron las alarmas. El cuadro blanco daba muestras de fatiga y los números indicaban que Ancelotti desgastaba la nómina pues no rotaba. Los minutos se fueron acumulando en los pies de los jugadores merengues.
El italiano no movía la alineación titular por una sencilla razón: no tenía cómo, no había fondo en el armario y los relevos eran de menor calidad. Cuando llegaron las lesiones, Modric, Ramos, James, al equipo blanco se le vino la noche encima y entonces entendió que en la plantilla no había relevo para Modric, que no había suplente adecuado para James y que Benzema tampoco tenía un alternante pese a que, cuando le dieron oportunidad, Chicharito hizo goles, pero nunca suplió el rol táctico del francés. Quedó claro que la plantilla era escasa y mal diseñada, problema típico de un equipo armado a golpes de chequera por los caprichos del presidente. Ido Xabi Alonso, el único jugador que le daba equilibrio era Modric, y cuando éste se lesionó el Madrid quedó golpeado.
En el fracaso blanco tienen gran responsabilidad los íconos Casillas, Cristiano y Bale. Casillas porque dejó de ser el gran portero y, a pesar de que todavía hace grandes atajadas, cada día es más vulgar, común y corriente, y no marca diferencia. Bale porque parece un cuerpo extraño en la formación; no tiene carácter, es poco solidario y cuando tuvo oportunidades de demostrar su valía falló goles imperdibles. Y Cristiano porque tras recibir el Balón de Oro que la gran caja de resonancia madridista le fabricó en una alucinante campaña publicitaria no hubo más noticias futbolísticas de él. Se habló de su ruptura sentimental, de sus fiestas, de sus vetos a la prensa y poco del juego que parece haber perdido, lo mismo que su eficacia venida a menos en este semestre.
Así, así fracasó el Madrid.