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Grondonita

25 de julio de 2015 - 07:13 p. m.

Un mes después, como dice el Gran Combo, acá no ha pasado nada, todo quedó como estaba.

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Un mes después del fracaso deportivo de Colombia en la Copa América nadie, absolutamente nadie, de la Federación o del cuerpo técnico ha salido ante los medios para dar una explicación coherente o incoherente, racional o irracional, de los motivos por los cuales la selección jugó tan mal, las razones por las cuales se preparó un torneo con equipuchos de cuarta categoría, por qué se llevaron jugadores lesionados, cuál es el plan para hacer algunos recambios urgentes en la nómina. No aparece nadie porque Bedoya y Pékerman, los dos que debieran dar la cara, han adoptado la política del avestruz, encerrarse en sí mismos y hacer mutis por el foro.

No es raro, los dos adquirieron hace ya mucho tiempo un aire de seres superiores que no deben dar respuestas a nadie. Bedoya no les explica a los integrantes del comité ejecutivo los motivos por los cuales tiene relaciones comerciales desde hace varios años con los bandidos de Full Play, con Burzako y con otros de los que el gobierno estadounidense viene pidiendo en extradición por diversos delitos. Bedoya cada día se parece más a Grondona en el aire suficiente, la prepotencia y la soberbia. Está convencido de que sus juanitos y camilitos, el aparato promocional que lo rodea para posar de gran redentor del fútbol colombiano, los mismos que piden cabezas de periodistas y censuras en los medios, le salvarán del tsunami que viene, que se ve llegar.

Ya están presos los de Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia y Venezuela. A los de Chile, Ecuador y Perú los están investigando y el de acá piensa, según le han dicho sus “asesores de imagen”, que el maremoto pasará bajo sus pies y él subido a ese arbolito que se caerá más rápido de lo que piensa. Entre tanto, como hacía don Vito Grondona, a quien le dieron tumba por cárcel, silencio, arrogancia, no hay que dar explicaciones porque todo pasa, como tenía escrito el mafioso argentino en su anillo.

El técnico se fue para su país desde que terminó el fracaso en la Copa América y nadie sabe qué piensa y para dónde va la selección. Él solo le rinde cuentas a Bedoya, el comité ejecutivo no existe, la prensa y la afición no cuentan, y entonces a esperar que algún día Grondonita se apiade de los colombianos que quieren saber del futuro y cuenten cómo se va a hacer a partir de ahora el trabajo.

A ellos dos hay que enviarles un mensaje claro y directo: la selección de Colombia es del país y después del fracaso de Chile se quieren respuestas claras y proyectos serios.

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