José Pekerman cumple dos condiciones fundamentales del perfil que la dirigencia había determinado para el nuevo técnico de la selección de Colombia. Era extranjero y había entrenado un combinado nacional en una eliminatoria y un Mundial.
El tema de la extranjería era un requisito del presidente Santos, quien en dos oportunidades lo había dicho públicamente. Inclusive, había prometido una ayuda económica para subsidiar el contrato del foráneo que llegara. Algún día se sabrá quién aconsejó al primer mandatario para jugarse entero por el técnico extranjero, dejando de lado la prudencia que aconsejaba recomendar un nativo y no uno de afuera. Alguien, y ya lo han hecho, le preguntará al presidente por qué no incluye no colombianos en su gabinete.
Razones xenófobas de lado, el hecho de ser colombiano o extranjero no garantiza absolutamente nada. Ese absurdo criterio de vetar los técnicos foráneos durante los últimos años porque la selección debía ser manejada por un colombiano lo único que demostraba era que el país futbolero satanizaba el origen sin mirar la auténtica razón de ser bueno o malo, capaz o incapaz.
El otro argumento también es discutible. Pensar que por el solo hecho de haber sido técnico en una eliminatoria o un Mundial se garantiza el éxito es reducir la baraja a muy pocos candidatos. Así como fue Pekerman pudo ser Autuori, Bielsa, Scolari, Aguirre, Carpeggiani, Páez, Batista, Basile, Martino y otros que se escapan de la memoria. Creer que la experiencia mundialista o de eliminatorias es una condición determinante es un error. Si así pensaran en otras latitudes, Mano Menezes, Bichi Borgi, Sabella o Arce no serían hoy técnicos de Brasil, Chile, Argentina y Paraguay.
Lo importante, extranjero o colombiano, avezado en eliminatorias o no, es que el técnico trabaje bien y que marque un rumbo, un estilo y un derrotero. Y eso incluye trabajar mucho, mirar fútbol, revisar todos los videos de los últimos tres años de partidos de la selección, rodearse muy bien, alejarse de las roscas de directivos, periodistas y empresarios que van a querer imponerle sus candidatos.
A Pekerman hay que dejarlo trabajar, sin presionarlo y dándole libertad en la selección de sus asistentes y plantilla. Sólo el tiempo, resultados incluidos, dirá si fue una buena elección o si el argentino llegó al cargo sencillamente porque Bedoya no encontró otro dispuesto a montarse en este potro que en 2011 se cargó a dos jinetes.
Pekerman, como todos los técnicos, sabe bien que cuando llega es bienvenido y cuando se marche será bien ido.