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Hoy como ayer

12 de septiembre de 2009 - 01:48 a. m.

Sudáfrica, ese lejano y exótico país que realizará el Mundial 2010, cada día está más lejos. Los partidos pasan, la tabla no perdona y las opciones son remotas, pues ya no se depende de lo que haga el equipo en la cancha; ahora vale también lo que hagan los demás, entran en juego las combinaciones.

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En el crujir de dientes y el acto de masoquismo colectivo que inspira la última derrota de la selección, se han escuchado todo tipo de análisis, versiones y curiosas soluciones. Pero en general, el aficionado quiere sangre, rodar cabezas, decapitar a todo el que tenga algo que ver, inculpar a todos los que de una u otra forma están en el tema.

El último acto en Montevideo fue desafortunado, totalmente confuso. Las falencias en la dirección fueron notables y pasan por la lentitud total de Lara en rearmar el equipo tras la expulsión del defensor, lo que le daba margen para implantar otro esquema, con otros nombres, tal como lo había hecho en Medellín, donde reconstruyó el equipo y terminó ganando con un acertado movimiento de piezas. Esta vez la indolencia y la pasividad lo acompañaron y cuando intentó voltear el trámite era tarde. Se habían regalado 30 minutos y el ingreso de Hernández fue tardío y la variante equivocada, pues prefirió mantener a la pareja Guarín-Aguilar, de pésimo rendimiento, sacrificando a Viáfara y abriendo el callejón para que Pereira hiciera una fiesta en el final. Lara abrió la puerta y Uruguay la aprovechó.

Pero del caótico episodio no se pueden escapar los jugadores, algunos de los cuales ofrecieron una perversa imagen de mediocridad y falta de jerarquía, empezando por el arquero Julio, comprometido en dos anotaciones, pasando por el lateral Amaranto que lució como un aprendiz y siguiendo por Yepes, quien brindó la peor versión que se le conozca.

Sería interesante saber de quién fue la idea de hacer futbolito lateral después del 1-1 cuando Uruguay estaba medio muerto y a Colombia le dio por jugar a la pelotica en corto, el “toque toque” que algunos digieren con tanto agrado. Ese toquecito inútil agrandó a los uruguayos y sin nada, porque este es el peor equipo uruguayo de muchos años, terminaron ganando con la complicidad total de la defensa nacional.

No se entienden muchas cosas: ¿Falcao y Zúñiga a la tribuna?, ¿Dorlán Pabón de “salvador”?, ¿Nadie le dijo a Teófilo Gutiérrez que el terrible localista, Torres, iba a compensar a la menor oportunidad?, ¿por qué ellos llegan y la meten y Colombia los bota frente al arco?

Lo que queda ya es hacer números y rezar para que todo se dé. Y después de consumada la eliminación volver como hace cuatro, como hace ocho años, a pedir la cabeza de todo el mundo.

A desempolvar las columnas, los programas y todo lo que se dijo entonces. Hoy como ayer siguen siendo válidos, pues nada ha cambiado.

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