Puede ser emotiva, apasionante, puede darle mayor interés al torneo, pero la irregularidad no es un símbolo de calidad en la disputa de la Liga.
Águilas de Rionegro venía embalado, con una campaña casi perfecta contra grandes y chicos, llegó a los 30 puntos y allí plantó, como si se le hubiese acabado la gasolina. Tres derrotas consecutivas tienen al equipo de Otero pensando en cómo conseguir el puntaje necesario para clasificar y, fundamentalmente, en restablecer los patrones técnico-tácticos, más el acondicionamiento físico para disputar unas finales. ¿Por qué llevan tres reveses en línea? ¿Qué aspecto de la preparación no está funcionando? O, sencillamente, ¿al ser líder por dos jornadas se convirtió en botín de guerra para los equipos que lo enfrentan?
El Medellín, por el contrario, le ganó a Fortaleza y esto le sirvió para embalarse y encadenar tres victorias consecutivas, al punto que hoy ya está en una aparente zona de confort para el ingreso a las finales. En esos tres triunfos el cuadro paisa ha jugado mal, de manera irregular, pero el funcionamiento defensivo lo tiene ya metido en el grupo grande, esperando el clásico contra Nacional.
A Júnior le pasó lo mismo que a Rionegro. De un momento a otro se le paró el motor, se le nota displicente en la cancha, poco fluido, sus jugadores tienen la tendencia a la expulsión y vivir al filo del reglamento por amarillas tontas, generalmente por reclamos airados, sin que Alexis, desde el banco, tenga la pócima mágica para arreglar los entuertos. Sus cambios son tardíos y todos terminan preguntado qué intentó hacer, qué buscaba, para dónde iba con las variantes. Afortunadamente, Mendoza no nació en el Viejo Oeste, porque con esa lentitud no hubiera aguantando el primer duelo de pistoleros.
Millonarios jugó horrible contra Júnior en el primer tiempo, confundiendo los papeles y los métodos, y en el intermedio Israel metió mano con una variante y un lavado de ideas y jugó un magnífico segundo período. Tras su contundente triunfo, sólo sonrisas y positivismos. Duraron cuatro días, cuando se midieron a un colero como Envigado y los aterrizaron bruscamente, pues de aquel magnífico equipo del segundo tiempo contra Júnior no quedó nada. Se volvió el de la parte inicial contra Júnior. Eso, señores, se llama irregularidad.
El sube y baja es bueno en cuanto significa que es parejo, que cualquiera puede ganar, que no hay un gran candidato, que no hay marcadas diferencias. Esa irregularidad es mala para el nivel técnico del campeonato, porque no da confianza, porque demuestra que los métodos son aleatorios y que lo bueno hoy es malo mañana.