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James

10 de abril de 2018 - 10:00 p. m.

Los números de James son una monstruosidad. Acaba de ganar su decimoséptimo título en Europa al coronarse campeón de la Bundesliga el sábado anterior, cuando dio una asistencia y metió un gol en el partido del Bayern Múnich, en el que el elenco bávaro logró su sexta corona consecutiva.

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James tiene ocho coronas con Porto, siete con el Real Madrid y ya lleva dos con el cuadro alemán, en el que lo esperan muchos más trofeos para incrementar su enorme palmarés, que lo convierte en el jugador colombiano que más veces ganó en Europa, superando la dilatada y fértil carrera de Iván Ramiro Córdoba con el Inter. James y el Bayern todavía optan al trébol, pues están en semifinales de Champions League y en la final de Copa de Alemania. Sólo los bávaros podrían hacer el triplete en la presente temporada.

De aquel chico triste, ensimismado, que sufría por dentro el maltrato de un técnico injusto que no encontró dónde acomodarlo y que nunca lo exprimió en toda su dimensión, a este James feliz, pletórico, lleno de ganas y de fútbol. Todo basado en una inteligente decisión: irse del Madrid, donde no tenía futuro mientras estuviera el hipócrita francés que todos los domingos respondía, con la misma cara angustiada, que James era importante, pero en cada jornada lo abofeteaba negándole minutos en el campo y opciones en los partidos importantes. Lo mismo que hoy hace con Isco, Asencio y Bale.

En el Bayern, el nortesantandereano ha reencontrado la felicidad de jugar y sentirse útil y admirado. Primero fue Ancelotti, que se encomendó a sus condiciones y le dio carrete en partidos importantes para solventarle un lugar en la plantilla. Y después con Heynckes llegó la gloria. El veterano y sapiente técnico alemán le ha demostrado tal confianza que le entregó el manejo de la sala de máquinas, el mediocampo, para que James maniobrase a voluntad, por todo el frente del ataque.

Ahora, el colombiano juega y hace jugar, es el socio de todos, pero también actúa de solista. Esa libertad de movimientos, ese derrotero táctico, debería tenerlo en la selección, donde por momentos parece poco dúctil, atado a esquemas tácticos que lo obligan a tareas diferentes. El James del seleccionado debería ser usado con mayor libertad, pero Pékerman parece tener ideas diferentes.

Celebremos todos los títulos de James, su gran momento, su tranquilidad mental, su cara sonriente, que indican felicidad y compromiso con lo que está haciendo. El Mundial lo espera.

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