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Jugando con candela

19 de junio de 2018 - 09:00 p. m.

Esa frasecita incorporada al imaginario popular: “de los equipos con 10 líbrame, señor”, es puro cuento, una mentira absoluta.

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Colombia perdió con Japón porque a los tres minutos de juego se quedó con 10 hombres tras la expulsión de Carlos Sánchez y el penalti marcado por Kagawa. Fue algo desafortunado y se reflejó en el trámite de un partido donde Colombia manejó la situación y sacó un valioso empate en el primer tiempo, pero en el que la superioridad numérica influyó en el desarrollo del complemento. El equipo nipón leyó bien el partido para la segunda mitad y entendió que a Colombia había que moverlo de un lado a otro, tocarle la bola, fabricarle situaciones a punta del hombre libre que tenía en la cancha. Siempre había un japonés de más y siempre Colombia perseguía la pelota sin éxito en la recuperación.

Pékerman mandó a la cancha un equipo “tiernito”, sin juego, sin implementación táctica. Ese equipo no había jugado nunca, no tenía lo que se llama “memoria táctica”, sencillamente porque nunca habían compartido cancha, ni en defensa, ni en el medio ni en la parte de arriba.

Sumen factores: el penalti, el gol y la expulsión, la alineación y después, necesariamente hay que considerarlo, las decisiones del técnico, que dejaron muchas dudas. Por ejemplo: ¿era válido excluir a Cuadrado, quien no jugaba bien, enredado e individualista, pero no deja de ser el gambeteador y el jugador diferente que se tenía en cancha? Era preferible meter a Matheus o sacar a Izquierdo, pero queda la duda de si era necesario tocar a Cuadrado, quien ha manifestado que no se encontraba incapacitado físicamente.

Tampoco fue afortunada la decisión de mantener a Izquierdo y meter a Bacca. El partido pedía algo diferente, pues Japón ya ganaba y otro delantero en la congestión de piernas no aportaba claridad.

Colombia jugó con candela y quedó a punta de chamuscarse, pues ahora le tocará ganar los próximos seis puntos, y el final dejó la sensación de que James está definitivamente “tocado” en lo físico y lo emocional, y cuando entró aportó muy poco y despilfarró una posibilidad de gol.

Algunos comportamientos individuales fueron tan erráticos que preocupan. Lo de Dávinson Sánchez fue terrible, impreciso, equivocado en la jugada del primer gol, lento en las maniobras, sin complementación con Arias y Murillo. Tampoco fue bueno lo de Izquierdo, quien ni en fase atacante ni en fase defensiva rindió, pero casi termina el partido en errática decisión de Pékerman.

Una pregunta final: ¿por qué se ocultaron las lesiones producto de sobrecargas que obligaron al técnico a jugar con un equipo que más parecía diseñado para un amistoso que para jugar la Copa del Mundo?

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