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La final

14 de julio de 2018 - 09:47 p. m.

Francia parece más conjunto, menos vulnerable, más armadito a la hora de enfrentar hoy a Croacia en el duelo de la final de Rusia 2018. Pero todo puede irse al garete si los croatas encienden la mecha de la personalidad y el carácter con el que han avanzado dramáticamente hasta esta final, luego de tres alargues en los que parecían sepultados y terminaron resucitando a punta de fe y convicción.

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El ejemplo ha sido tan contundente que ya nadie se atreve a sentenciar el resultado, aunque, sobre el papel todo pareciera indicar que el equipo orientado por Deschamps tenga más argumentos a su favor. No dar por perdedor a Croacia hasta los noventa minutos parece una consigna imposible de soslayar.

Francia ha sido un equipo camaleónico que se enfunda en el traje de defensivista y lo hace respetar con ese trivote de la mitad, donde Kanté llega a todas las pelotas, arañando, quitando y entregando; Pogba estira sus zancas y captura; y Matuidi, de brillante labor contra Bélgica, haya vuelto a ser el guerrero de otras jornadas. Los tres volantes de marca galos arropan una pareja central de gran fortaleza en la vía aérea, Varane y Umtiti, mientras que Pavard y Lucas Hernández despliegan su salida, pero no son tan intimidantes en el trabajo defensivo.

Cuando Francita se pone el traje de atacante es cuando aparece Griezmann en todo su esplendor. Nadie como él tiene tanto sentido para elaborar sin largas posesiones y si con criteriosos y metódicos pases que enchufan a Mbappé y enlazan el juego en la mitad, haciendo el pegamento de líneas, generalmente, volcado a zona derecha.

Defender, capturar, entregar y partir, los verbos que conjuga el equipo de Deschamps, al que le está costando lo más importante: definir, por lo que la pelota quieta se ha vuelto útil, casi que imprescindible, para señalar las victorias ante Uruguay y Bélgica.

Croacia es diferente, menos defensivista, más jugador en la mitad, soportado por dos laterales que salen y colaboran Vrsaljko y Strinic, poco abonados a la galería de elogios, pero rendidores al máximo. Las dos torres del centro lucen impecables en el fútbol aéreo, pues Vida y Lovren se la rebuscan por arriba y salen jugando con propiedad.

Menotti dijo que Modric podía jugar de Xavi y de Iniesta. De Xavi, cuando parte desde el mediocampo; y de Iniesta, cuando se adelanta veinte metros y se sitúa cerca al balcón del área. Rakitic es un fogonero clásico, de ir y venir, que rinde tanto y su producción es continua y transparente, mientras que Brozovic ayuda en la tareas de destrucción.

Uno de los argumentos más notables del equipo de Dalic es el funcionamiento de sus dos extremos, Rebic y Perisic, quienes se mantienen abiertos a la banda, para cerrar en las maniobras ofensivas, acompañando a Mandzukic.

El fútbol parece más progresivo, intenso y coherente en Francia. El corazón es todo de Croacia.

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