Siete de los once titulares en la victoria del Barcelona ante el Manchester son un producto de La Masía, la fábrica de jugadores del elenco azulgrana.
Valdez, Puyol, Piqué, Busquets, Xavi, Iniesta y Messi nacieron como futbolistas en su centro de formación deportiva. Todo un tesoro, una fortuna, porque no solamente son jugadores de un exuberante nivel mundial, sino auténticas joyas de la corona si el equipo catalán deseara venderlas.
Más allá del espectacular triunfo deportivo, también hay una victoria total de los dirigentes que piensan en futuro y entienden que la formación de jugadores es un negocio rentable y el único camino para evitar que los equipos se desintegren económicamente con la compra de futbolistas. Una lección interesante que la dirigencia colombiana debe evaluar, aunque algunos equipos ya lo hacen y tienen el objetivo claro, es mejor producir que estar comprando afuera. Envigado, Chicó, Júnior y La Equidad vienen apostando a sus jugadores hechos en casa y están empezando a ver resultados con los Teo Gutiérrez, Dorlan Pavón, Juan Mahecha y Stalin Motta, para citar algunos, que vienen pidiendo pista y son productos de la cantera.
Esa es una de las grandes diferencias institucionales del momento en España. Mientras el Real Madrid abandonó el trabajo en la base y dejó de creer en las inferiores, el Barça les apuesta todo a sus jugadores hechos en La Masía, con una filosofía de juego, con un entendimiento de la cultura a la estética y a las ideas de un club. Y pensar que el elenco merengue tuvo en la famosa e inolvidable ‘Quinta del Buitre’ de la que formaban parte Butragueño, Michel, Sanchis, Pardeza y Martín Vásquez, uno de los mejores equipos de la historia. Hoy son pocos los elementos de su cantera, salvo Casillas, Guti y Raúl.
El dirigente colombiano es inmediatista y piensa muy poco en el futuro. Quiere títulos ya, invierte poco en futuro, sigue convencido de que el trabajo de formación lo deben realizar otros clubes, porque para ellos no hay tiempo de maduración. Claro, algunos no quieren creer en los trabajos con las inferiores, pues allí no hay ‘cometa’ ni posibilidad de ganar dinero a costa de los equipos, algo tan frecuente en nuestra clase directiva.
Sumen cuánto costaron y cuánto dinero se perdió con los troncos, tronquitos y troncazos que han traído los equipos bogotanos durante los últimos años y entenderán por qué están donde están, captarán porque la inmediatez del resultado les ha hecho perder el norte y sabrán a ciencia cierta por qué algunos son felices comprando y comprando.
Si el mejor equipo del mundo, ese lujo de club que se llama Barcelona, lo hace, por qué no tratar de imitarlo en algo. Es hora de apostarles a las inferiores.