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¿La revancha?

01 de septiembre de 2014 - 06:37 p. m.

Cuando los dirigentes colombianos y brasileños firmaron el partido amistoso de este viernes, en Miami, ninguna de las partes llegó a pensar en el morbo y el espíritu con el que terminarán jugando los dos equipos luego de su intervención en el Mundial. Era un partido más, un choque posmundial, y terminó siendo un clásico con lecturas diferentes.

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Para Brasil, fundamentalmente, es el inicio de una etapa que ya recorrió hace cuatro años, cuando Dunga era el técnico y lo sacaron de la canarinha por no haber clasificado a las finales del Mundial de Sudáfrica. Cuatro años después le devuelven el puesto, pero Brasil sigue estando en un pésimo momento futbolístico y definitivamente el problema no es de DT sino de jugadores. Entre los centrales Dante y Lucio y los volantes pegadores del continente africano y los rústicos pataduras de Brasil 2014 no hay diferencia alguna. Tenía tan poco talento ayer como hoy. Dunga tiene que reiniciar el camino, pero no encuentra soluciones técnicas y tácticas a la mano para pensar que Brasil cambiará y volverá a ser el del jogo bonito y los títulos.

Tampoco hay mayores diferencias entre los jugadores que utilizaba Felipão con los que convocó Dunga. Los mismos Luis Gustavo y Fernandinho, símbolos de cómo pegar mucho y jugar poco, son los que le dan el carácter y la impronta a la selección de Brasil. El único que sigue estando allí como estandarte de lo que fue en una época el fútbol de Brasil e intenta dejar pinceladas de arte es Neymar, tan saltimbanqui como impredecible.

Los brasileños le siguen teniendo ganas a Colombia. Los periodistas no cejan en su empeño de demostrar que la patada de Zúñiga a Neymar y la segunda amarilla a Thiago Silva que le impidió jugar contra Alemania configuraron parte del desastre del 7-1 inolvidable para los pentacampeones.

La llegada de Robinho y Marcelo, dos de la vieja guardia, por Álex Sandro y el tanque Hulk demuestra un ligero intento de Dunga de tener gente con más cariño por la pelota. Pero esas golondrinas no cambian el panorama global con la excepción de que el DT intente pregonar más fútbol menos pierna fuerte, más intentos asociativos y menos dependencia de Neymar.

El partido ha generado gran interés en Miami y la boletería está vendida a precios altísimos. Será taquillón alegre con dos protagonistas del último Mundial, el uno por las sensaciones positivas, refrescantes y alegres y el otro porque cayó al más bajo nivel de la historia con ese 7-1.

En Miami volveremos a decir: ¡fue gol de Yepes, carajo! Así no haya sido, pero nunca lo aceptaremos…

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