Tres días antes del congreso ordinario de la FIFA en Zúrich, la justicia de los Estados Unidos le mandó un recado clarísimo a Blatter al arrestarle parte de su guardia pretoriana.
Blatter no entendió, se hizo el de la vista gorda, como si la cosa no fuera con él, y se presentó a la reelección, que ganó con amplia mayoría pero sin unanimidad. Tres días después, los estadounidenses le mandaron otra carga de profundidad al revelar el movimiento de diez millones de dólares en sobornos para otorgarle a Sudáfrica el Mundial, dinero autorizado por Julio Grondona y Jerome Walcke, mano derecha de Blatter. Y Blatter entendió que iban por él, que los fiscales gringos tienen muchas más cosas de las que han publicado y que esta en la mira del FBI.
Blatter se fue, pero el tema no para ahí, el tema sigue porque ahora anuncian que los fiscales están buscando todas las conexiones y ramificaciones de las elecciones de Rusia y Catar para realizar los mundiales de 2018 y2022, y ahí sí que hay de donde cortar.
Está claro, la FIFA es un nido enorme de corruptos y su seccional en Suramérica es una ratonera. Ya están presos Leoz, al que Pastrana hizo ciudadano emérito de Colombia; Grondona, al que le dieron la tumba por cárcel; Figueredo, el uruguayo untado hasta la médula en sobornos y porquerías; Texeira, un bandidazo de acá a la Luna, yerno del bandi mayor, Havelange; Esquivel, el veneco que sabía letra menuda de cómo sacarle plata a todo el que pasara por el frente. La delantera titular esta presa, el primer anillo de seguridad, la parte comercial que manejaba derechos de torneos, patrocinios, publicidad estática etc., está huyendo, incluidos los buenos “amigos” de la Federación, los tipos de Full Play, socios en muchos negocios.
¿Y en Colombia? Todo bien, gracias. El presidente de la Federación Colombiana, que se sentaba reunión tras reunión con Leoz, Texeira, Grondona, Esquivel, Figueredo; que hizo negocios a porrón con los de Traffic primero y después con Full Play y posteriormente con Datissa, se presentó a una rueda de prensa en la que dijo que no tenía conocimiento de nada, que estaba listo para ser investigado y que el millón y medio de dólares que la justicia de Estados Unidos en su indicment publicó que había recibido de soborno por tres copas América, habían entrado a la Federación, como en efecto lo corrobora el tesorero.
Hablemos claro: o Bedoya es un cómplice silencioso de todas las fechorías de sus congéneres de la Conmebol o está haciendo el papel de inútil que no vio el elefante entrar a la sala. A esta novela le faltan capítulos.