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Los clásicos

06 de marzo de 2017 - 10:00 p. m.

Los abuelos suelen decir que vísperas de mucho, presagio de nada. Así fue el partido América-Nacional, al que la prensa convirtió en el “clásico de Colombia”. Una denominación con la cual guardo reservas.

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El partido tuvo un marco esplendoroso, 40.000 aficionados, un estadio rojo intenso, la mirada del país futbolero, pero como partido dejó mucho que desear, no tuvo el fútbol que muchos pretendían. Y es apenas lógico, pues entre Nacional y América todavía hay una gran diferencia en la calidad de la nómina. El uno es un pretendiente firme al título y el otro está en la obligación de luchar por permanecer en la primera categoría.

Critican a Torres, el técnico americano, porque tomó demasiadas precauciones defensivas, como lo reconoció en la rueda de prensa. Torres tiene razón, es consistente en su declaración, tiene bien calibradas las fortalezas y debilidades de su equipo y, por el momento, América no está para jugarle abierto y mano a mano al Nacional. Por eso planteó un partido táctico, cerrado, con pocas libertades al elenco que dirigió Redín. En cambio Nacional, a pesar de su nómina, su experiencia en partidos “grandes”, con estadios llenos, con presión mediática, hizo poco por el resultado, le fallaron muchas cosas en su plan ofensivo y, a pesar de convertir a Bejarano en la figura, no supo aprovechar la ventaja numérica en el campo.

Así son los partidos mediáticos, esos juegos en que se habla más de lo necesario, los clásicos que ilusionan y que al final terminan decepcionando por el nivel del juego.

Con menos publicidad pero mucho más fútbol, Medellín y Cali jugaron un buen partido en el Atanasio Girardot. Gol de entradita del Cali y un planteo táctico acertado de Yepes durante los primeros 45 minutos. Doble línea de cuatro, bloques cerraditos, pocos espacios para el trabajo de los talentosos del Medellín y control sobre los flancos para evitar que aparecieran Marlon y Arias para crear la amplitud del ataque. Sufrió mucho el equipo de Zubeldía por la ausencia de Caicedo y Viola en el frente del ataque.

Medellín igualó comenzando el segundo tiempo y vino la justiciera expulsión de Orejuela y el rojo se montó en el partido porque hizo prevalecer en la cancha la categoría de sus individualidades, ganando en los duelos particulares y porque las soluciones de Mario Yepes en el banco del Cali fueron erradas y contradictorias. Justo triunfo del DIM, líder solvente y con buen fútbol, ante un Cali que flaquea, es irregular y podría jugar mucho mejor.

Del publicitado clásico quedó poco para la retina. Del otro duelo, hay más y mejores recuerdos.

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