En el eterno conflicto de definir quién es el mejor entre Neymar, Cristiano y Messi, clasificados los tres para el siguiente episodio de octavos de final, el Mundial de Rusia ha presentado unos “principitos” que jugando al fútbol reclaman mayor atención por su calidad y que tienen méritos para aspirar a un Balón de Oro.
En primer término está el croata Luka Modric, un clarividente con overol. Modric es el clásico ejemplo del jugador “ninguneado” por una prensa fletada que sólo ve por los ojos del que manda Florentino, es decir, por Cristiano Ronaldo. Los mismos títulos, a excepción de la Euro, en la que el de Madeira participó y aportó tan poco, las mismas Ligas y Champions tiene Luka que CR7, pero los ojos solo han sido para el portugués, por mandato del amo.
Modric es vidente del juego, engarza a la perfección defensa con ataque, maneja como nadie las transiciones y, con un fútbol elegante y operático, se da el lujo de llevar a esta Croacia silenciosa a un primer lugar en su grupo con nueve puntos y con un recorrido en el cuadro altamente favorable. El día que derrumbaron la imagen de la Argentina de Messi, arrodillándola y humillándola, Modric fue el patrón de la herejía con golazo incluido. Un excelente Mundial a su aire marcial y con un gran socio en Rakitic, quien le ha ayudado a construir una imagen monumental en Rusia.
El verdadero artífice del juego de Brasil no es Neymar, tan revoltoso como ególatra, tan histriónico como melodramático, sino Coutinho. La nueva versión de equipo verdeamarelho, ubicándolo como interior por zona izquierda, le ha dado alas para crear, tocar, asociarse y rematar. Su deliciosa pegada de media distancia, sus lanzamientos, como el pase hacia Paulinho en el triunfo ante Serbia, su facilidad para asociarse en el toque lo convierten en el mejor jugador de Brasil hasta ahora. No es un volante de armado, es más un media punta dotado de generosas condiciones en el remate y con un buen pase gol. Seguramente no reclamará galones ante Neymar, pero se le reconoce su talento.
Isco Alarcón es acusado de egoísta y de terminar por convertirse en un problema táctico en España porque invade jurisdicciones delimitadas para Iniesta y porque no encuentra el fútbol de sociedad. Isco juega a ser Isco, a convertirse en el patrón de España, en el líder y conductor, y si eso incluye bajar a llevar la bola desde los pies de la defensa, el malagueño lo hace. Pero, vamos que juega bien, realmente bien, que es técnico, primorosa conducción y buen sentido del pase.
Y, finalmente, la pareja De Bruyne-Hazard, tan sencillos como prácticos, tan inteligentes como artistas. Vienen cumpliendo un gran Mundial. De Bruyne en esta versión “guardiolesca”, arrancando mucho más atrás. Y Hazard reclamando un puesto entre los grandes, por talento y llegada al gol.
Son los príncipes del fútbol mundial.