No todo lo que brilla es oro y el fútbol inglés lo entiende muy bien.
Hace dos años, el fútbol mundial aplaudía la Liga Premier cuando colocaron sus cuatro equipos emblemáticos en las semifinales de la Champions. Entonces se hablaba de una liga diferente, donde se jugaba el mejor balompié del mundo, con unos recursos económicos maravillosos.
Hoy las cosas son diferentes. La reciente aparición de la lista de los 23 candidatos a ganar el Balón de Oro de la Fifa pone sobre el tapete la dramática crisis que se vive en la liga inglesa. No hay un solo jugador nativo y tan sólo tres extranjeros son nominados para el nuevo premio que reúne las votaciones de corresponsales de la revista France Football y de los técnicos y capitanes de las selecciones del mundo.
El Mundial de Sudáfrica fue la primera campanada de alerta. El fracaso absoluto de los dirigidos por el italiano Fabio Capello mostró el mal momento de un fútbol donde son más frecuentes los raptos histriónicos, los chismes de cama y cuernos, que el valor potencial de los jugadores. En Inglaterra abunda la prensa sensacionalista y los tabloides se recrean con las historias de alcoba de sus estrellas. El juego de los "pros", en cambio, deleita muy poco y la renovación de sus jugadores es lenta y traumática. Los equipos ingleses son compuestos por jugadores de todas las nacionalidades y encontrar futbolistas del Reino Unido en cuadros como Arsenal y Chelsea es todo un milagro.
Un país que ha ganado con Stanley Mathews, Kevin Keegan, Michael Owen o Bobby Charlton el rango de mejor futbolista no tiene hoy un solo representante. Los Gerrard, Lampard, Rooney y Terry, que vivieron en los últimos años un posicionamiento efectivo entre los mejores del mundo, hoy no aparecen para nada.
El fútbol inglés, además, ya no es propiedad de los magnates locales. Los jeques árabes como Sheikh Mansour Bin Zayed (Manchester City) o Lakshimi Miital (Queens Park Rangers), el ruso Roman Abramovich (Chelsea), el uzbeko Alisher Usmanov (Arsenal), más los dueños estadounidenses del Manchester United, la familia Glazer, o los nuevos propietarios del Liverpool, son la confirmación de que la plata no la ponen los ingleses, el dinero llega de otros lados. Y aún así, los números son contundentes: la mayoría de los equipos de la Premier arrastran grandes déficit y los planes de salvamento incluyen acciones oficiales de alto riesgo.
Quien siga el fútbol inglés partido a partido sabe bien que salvo los encuentros del Chelsea, Arsenal, Manchester United y Manchester City, los demás equipos ofrecen poco. De vez en cuando algo del Tottenham y pare de contar. Ha perdido espectacularidad, colorido y emociones, y se ha vuelto tan repetitiva como la liga española, donde mandan los mismos dos de siempre.
No es raro, pues, que en la selección de los mejores no figuren los ingleses. Definitivamente, no todo lo que brilla es oro.