Todos terminan haciendo lo mismo. Cuando llegan al cargo hablan de seriedad administrativa, coherencia en lo técnico, una línea de conducta que no se deja presionar por empresarios y directivos. Todos prometen mucho y todos terminan en lo mismo.
No le meta morbo al tema, que nadie está hablando de Uribe. El tema está referido a la cúpula directiva de la Federación Colombiana de Fútbol y concretamente a Luis Bedoya, quien parece que el día de su accidente que lo mantiene andando en muletas, abdicó de unos principios y hoy está terminando su mandato igual que Fina, exacto a Astudillo.
La Federación terminó en manos de los empresarios que le organizan partidos ‘chimbos’, jueguitos de media petaca, sin importancia para la selección y donde sólo sale ganando el promotor del juego y de pronto algún dirigente que va elevando la cometa. Por ejemplo, ese partidito atravesado y sin sentido que se inventaron frente a México la próxima semana. Un choque en contravía, a donde se llevan una cantidad de jugadores que pertenecen a la banda de los “nada que ver”. Se hacen partidos preparatorios con unos futbolistas y se disputan los compromisos oficiales con otros. No se entiende la necesidad de ese partidillo de ‘pipiripao’ contra un equipo tercerón de México, en fecha que no es Fifa, con problemas en la convocatoria de jugadores porque no tienen visa y donde es Mr. Brownfield quien acaba determinando quién viaja y quién se queda.
La Federación terminó auspiciando una vez más el turismo viajero de dirigentes a los juegos de la selección. Avión repleto de directivos de ligas y clubes a ver los partidos por cuenta del fútbol colombiano. La viaticadera en pleno, donde unos se siguen llenando los bolsillos sin aportarle nada al balompié. Están haciendo la tarea para esos voticos de la reelección, igualitico que antes, exacto al de más arriba. Toda la porquería y la inmundicia del clientelismo electoral.
Bedoya cedió, igual que sus antecesores, a la presión de los señoritos Yepes-Córdoba-Vargas, los mismos que han eliminado a Colombia dos veces, y cambió la sede del partido contra Chile, falseando y rompiendo un pacto que tenían con el alcalde de Bogotá. La selección y el técnico Lara terminaron en manos de los empresarios y los ‘generales’, se abdicaron los principios de autoridad y el técnico es hoy preso de las decisiones de los veteranos.
Y pensar que venían haciéndolo bien y hasta se llegó a pensar que Bedoya era diferente. No, es más de lo mismo. De lo que tiene a este fútbol postrado a nivel de resultados en todas las categorías y con un futuro incierto. Esto, igual que el país, no tiene arreglo.