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Más es menos

22 de octubre de 2016 - 09:00 p. m.

La dirigencia del fútbol cada día se parece más a los delfines de Miami. Les tiran toneladas de pescado y nunca se llenan. Son voraces, sólo ven el billete por delante, poco importa la calidad, los factores estéticos les importan un comino, lo único que vale es don dinero. La dirigencia quiere más y más partidos, agranda campeonatos, eleva el número de concursantes, inventa preliguillas y fases eliminatorias, hace lo que sea para que, aparentando diversidad, llegue más dinero a sus bolsillos.

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No niego que con el señor Infantino tengo una indisimulada incredulidad. No parece válido que quien estuvo untado hasta el fondo de la mermelada —nombre eufemístico para la mierda— de Blatter y Platini, sea hoy el redentor y precursor de las buenas costumbres y las prácticas honestas.

Su prédica inicial de un Mundial de 40 equipos ya va en 48. Hasta el gato con botas podrá jugar el Mundial. En Suramérica irían siete de diez —absolutamente ridículo—, lo que deja sin validez las eliminatorias, los dos años de apasionante competición, para descartar tan sólo tres selecciones que fácilmente se podrían dejar a un lado. Esa propuesta de los 48 es ridícula y antitécnica y sólo tiene como fin pagar futuros favores en las elecciones de FIFA. Para qué se quieren más Baréin, Borneo, Togo, Nepal en un Mundial cuando ya hay suficiente morralla. El tema es de calidad y no de cantidad.

Tan necia es la propuesta de Infantino, el lobo vestido de oveja que hoy maneja el fútbol mundial, como la reforma a la Copa Libertadores que aprobó la Conmebol. La nueva Copa es un atentado a la lógica, es la ratificación de la dirigencia de que se necesitan muchos más partidos, más equipos, para sentir que hacen una competición interesante. Una cosa es la Champions y la Liga de Europa, donde hay 55 naciones inscritas en la UEFA, y otra una entidad como la Conmebol, con sólo diez federaciones. Copiar el gigantismo lleva a otorgarle cupos hasta al tercer reclasificado en Colombia, a que se pierda el interés del campeonato local, a atiborrar de fechas el final de año, que tendrá un tráfico pesadísimo de partidos. Además, la nueva Copa Libertadores acaba de un plumazo con el interés de la Sudamericana, ahora sí de verdad convertida en un torneíto de segundones y tercerones. Más partidos no significan más calidad. Más participantes deriva en menor categoría, más torneos lo único que evidencian es más billete para los Hinkis, Burzakos y demás yerbas del pantano que buscan cómo reinventarse. Son más voraces que los delfines de Miami, seguro que sí.

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