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Mercachifles

21 de septiembre de 2015 - 11:06 p. m.

Sentí pena ajena por Bavaria, la poderosa cervecera que patrocina el fútbol profesional colombiano.

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Toda la labor que los camilitos y los juanitos, moviendo influencias al más alto nivel, hicieron para atraer al gigante patrocinador y reemplazar al renuente Postobón que ya se sentía dueño del aviso y que le iba a bajar el precio al contrato anterior, toda esa tarea empequeñecida por lo que la Dimayor le viene ofreciendo domingo a domingo. Si fuera Bavaria, me sentiría decepcionado por muchas cosas.

Por ejemplo, del estado de algunas canchas. El campo del General Santander era patético, las manchas por la sequía, el hongo que se ve que campea en la grama, el estado en general del estadio era terrible. Y eso, para no hablar de lo que es jugar en el estadio de Tuluá, donde los huecos, promontorios, barro, falta de cuidado a la grama, impiden que la pelota ruede y se pueda practicar un buen juego, como bien lo afirmó Reinaldo Rueda, quien dirige un equipo millonario en jugosos salarios que no pueden desplegar su fútbol porque la pelota no llega nunca al destino, pues se queda en el camino. Y el peor, el colmo de los colmos, es el de Girardot, una grama donde perfectamente se pueden echar veinte vacas para que pasten. Grama que tapa los botines de lo alta que está, zonas encharcadas y enlagunadas, las porterías una miseria. Ese campo no es apto en las actuales circunstancias para jugar fútbol profesional.

Bavaria también se tiene que sentir absolutamente decepcionada del desorden institucional del torneo que compraron por ochenta y cinco mil millones de pesos, comisión de los camilitos y juanitos incluida, en la que los partidos no comienzan porque no hay balones y porque las planillas fueron mal elaboradas y tuvieron que retrasar el juego media hora para ponerse al día en el mero papeleo normal de todo partido.

El folclórico presidente del Cúcuta, un tipo Cadena, experto en quebrar y comprar equipos, a quien odian en Boyacá, Bucaramanga y ahora detestan en Cúcuta, habla de que el fútbol es un negocio. Claro que sí, es un negocio al punto que la empresa más importante del país se mete a patrocinar el torneo, pero requiere orden, seriedad, responsabilidad, coherencia, que se maneje como un negocio profesional y no como una feria de chambonadas y burradas que hacen quedar a la Dimayor en ridículo ante el patrocinador, los aficionados y los medios.

Mercachifles como Cadena le hacen daño al fútbol. Ojalá apareciera alguien que le comprara para que se fuera.

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