Para explicar la transformación de Colombia en tan sólo cuatro días es necesario apelar a una archiconocida lógica futbolística: cuando se ataca se abren espacios para producir fútbol ofensivo. Cuando se defiende, lo importante es cerrar esos espacios.
Venezuela le provocó urticaria a Colombia al cerrarle todos los caminos, juntar los cuatro defensores y cinco volantes, todos ellos con manejo de pelota, desconectar a James y Cuadrado de los delanteros y presionar en la nuca al colombiano que llevara la pelota. Los patriotas jugaron apretaditos, sólidos, en bloques cortos de presión, y Colombia no encontró el camino provocando las malas entregas y la mala ocupación del campo. Brasil, en cambio, no presionó, fue timorato en la recuperación y le permitió a Colombia abrir permanentemente los espacios, y por eso el partido fue totalmente diferente y la presentación colombiana tuvo un color y cariz diferente. En la apertura o cierre de los espacios también colaboraron otros factores. La intención de los colombianos al sentirse con la soga al cuello. Cuando entraron al estadio Monumental sabían que su continuidad dependía del resultado y desde el primer minuto se vio un equipo concentrado, cumpliendo el libreto bien montado por el técnico, cerrándole los caminos al agitador Neymar y aislándolo de sus compañeros. Las ganas, el temperamento y la voluntad del equipo fueron inquebrantables, superando en disposición a Brasil. Otro factor fue el táctico. En la primera acción se vio que Sánchez iría por Neymar en mitad de campo y después lo relevaban Zapata o Murillo cuando Tapetico se metía en el frente de ataque. Cuadrado abandonó el costado y se metió mucho más al medio para ayudarle a James, que se tiraba a la izquierda, como en el Real Madrid, con lo que Colombia ensanchaba el campo y tenía opciones de ataque mucho más amplias. Gran trabajo de Teófilo entrando y saliendo, sin dejarse referenciar, mientras Falcao fijaba los centrales con su permanencia en el área. En el segundo el técnico decidió montar una línea de cuatro que reforzó con Ibarbo por la izquierda para cerrarle el camino a Dani Alves. Brasil tuvo la pelota, pero en noventa minutos sólo creó dos pelotas de gol, el frentazo de Neymar cerrando el primer tiempo y el error de Murillo-Ospina que increíblemente despilfarró Firmino. Fue una victoria con sabor a venganza por el Mundial y lo que había pasado con el español Velasco Carbalho. Esta vez se quejaron ellos del juez, pero las mismas estadísticas oficiales dicen que hicieron más faltas y les sacaron más amarillas que a Colombia. Grandes actuaciones individuales de una monolítica Roca Sánchez, quien jugó para diez puntos; Cuadrado, quien cumplió muy bien, y Teófilo, con un sacrificado y abnegado trabajo por todo el frente de ataque. Y una muy buena dirección de Pékerman, que le dio al equipo las evoluciones tácticas que se requerían y montó y ejecutó un muy buen plan de juego. Esta fue otra Colombia.