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Palos de ciego

26 de noviembre de 2011 - 04:00 p. m.

Cuando los directivos de la Federación eligieron a Julio Comesaña como asesor de Leonel Álvarez en la selección colombiana de fútbol, buscaban un ‘polo a tierra’ experimentado y conocedor que calmara los arrestos e ímpetus de quien quiere llevarse el mundo por delante.

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Sobre el papel, la idea era buena, la experiencia del veterano de muchas batallas aunado a la juventud del nuevo timonel. En la práctica fue un fracaso absoluto. Leonel no aceptó nunca la presencia de Comesaña, le hizo el asco desde el primer día y en esa soberbia de creer que se las sabe todas y que sólo él tiene la razón, desdeñó los consejos y las recomendaciones del mal llamado ‘asesor’, que terminó siendo un invitado de piedra, aislado en el banquillo, sin voz ni voto en los cambios, convocatorias y manejos.

Está claro, Leonel no quiere un tipo importante y conocedor a su lado, Leonel pretende los chichos, chachos, chechos, chuchos, pánzers, chuscos y demás integrantes de su fauna parroquial que le endulzan el oído, le dicen lo que él quiere oír y le alimentan el ego.

Después de tantos errores, después de demostrar su incompetencia para planificar, manejar y llevar un partido, su total ineptitud para hacer una convocatoria, y fundamental mente su ausencia de tino, discreción y sapiencia para liderar a un grupo complejo, como es una selección nacional con muchas ‘estrellitas’ inflamadas, Leonel debería replantearse seriamente su permanencia en el cargo y la dirigencia, y pensar que el camino está lleno de dificultades y este conductor no parece tener el talante para salir adelante.

Esos mismos directivos que fueron a Estados Unidos a pedirles permiso a los jugadores para nombrar a Leonel deberían hoy hacer una encuesta privada con esos futbolistas y se encontrarán que la credibilidad y el respeto hacia el técnico quedaron totalmente deterioradas tras las muestras de incapacidad y autismo de Álvarez en Barranquilla. Hoy por hoy, Leonel no sería ni siquiera el ayudante del ayudante, esa es la impresión de varios jugadores.

Pretender que Álvarez siga en el cargo, pero condicionándolo para que haga lo que hacía Hernán Darío Gómez en todo y para todo, convocatoria, táctica, manejo, resulta ridículo e improcedente porque Gómez es Gómez y Álvarez es Álvarez, y si ellos nombraron a Leonel tienen que respetarle sus puntos de vista, así estén equivocados. Ahora, si no les gusta, no les sirve, lo ven biche, inmaduro e inmanejable, como dicen en privado, pues liquídenlo y a otro tema.

La táctica directiva de hacerse los locos y no tomar decisiones es el mejor camino al fracaso.

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