Nada, ni una palabra trae el nuevo código de policía sobre las hordas itinerantes de hinchas de determinados equipos que montados en buses recorren el país dejando a su paso desolación, heridos, refriegas, batallas campales con todo tipo de implementos, incluidas armas de fuego. Ese dramático problema que se vive en las carreteras colombianas no parece existir para los redactores del código que no vieron más allá de sus narices y que legislaron de lo humano y lo divino con muchos más errores que aciertos.
Los muertos de los últimos años en las batallas al borde del camino no les interesaron a los legisladores. Seguirán, pues, viajando los buses llenos de individuos drogados y armados hasta los dientes como si fueran a una guerra y no a un partido de fútbol. La Policía seguirá haciéndose la de la vista gorda, continuará evadiendo la responsabilidad de cuidar las vidas y propiedades de los colombianos, como dicta el mandato constitucional, y cada ocho días tendremos las noticias reiteradas y consuetudinarias de enfrentamientos, garroteras, heridos y hasta muertos entre mequetrefes y delincuentes que con camiseta de cualquier color se convierten en antisociales que azotan las carreteras colombianas. Está claro, los redactores y el Gobierno viven en otro mundo, en un mundo muy diferente al de los colombianos de a pie.
Tiene toda la razón Jorge Perdomo, el presidente de la Dimayor, cuando reclama asistencia del Gobierno para evitar que los partidos de fútbol se conviertan en terribles batallas campales. El nuevo Código deja la puerta abierta a la Policía Nacional para no asistir a los estadios y obliga a los equipos de fútbol a contratar vigilancia para salvaguardar el orden en los espectáculos públicos. Gravísimo. Nadie se imagina un Millonarios-Nacional, un Cali-América, sin seguridad oficial, con guardas privados. Ninguna empresa del país está en capacidad de enviar 3.000 efectivos a un estadio sencillamente porque no los tienen, porque no los han capacitado. Y, en caso tal, la pregunta es sencilla: ¿hasta dónde tendrían poder para detener y controlar a los rufianes disfrazados de barras que serán los auténticos dueños del estadio? Si hoy ya mandan, ¿cómo será sin control oficial?
Parece que la idea es crear unas entidades paramilitares que se encarguen de garantizar el orden en los espectáculos públicos. Abiertamente inconstitucional, demandable, no aguanta un debate en la Corte.
En materia de control del orden público, parece que el nuevo Código de Policía se quedó cortico y que sus redactores viven en un país diferente a Colombia.