Cuando Zagallo llegó a la dirección de Brasil 70 se encontró con un equipo donde había cinco volantes armadores y todos ellos eran auténticos cracks:
Pelé, héroe del Santos; Rivelinho, gestor del fútbol de Corinthians; Jairzinho, el monstruo de Botafogo; Gerson, armador de Fluminense, y Tostao, que conducía al Cruzeiro. La sabiduría del técnico fue acomodar un esquema para que todos aquellos genios talentosos terminaran siendo complementarios. Y ya se sabe lo que pasó con Jair tirado a la derecha, Tostao de “nueve”, Gerson armando, Rivelinho volcado a la punta izquierda y el gran Pelé como “diez”. Una locura, la sinfonía del fútbol total.
César Menotti habló alguna vez de la necesidad de implementar las “pequeñas sociedades” como parte de la meta final: el equipo. Este par de prolegómenos vienen a cuento porque resulta paradójico que algunos grandes jugadores no se acomoden a entenderse, a complementarse, a servirse mutuamente.
Por ejemplo, no funcionan Gerrard y Lampard, en Inglaterra. Son dos maravillosos futbolistas cuando se ponen la camiseta del Liverpool y Chelsea. Pero no funcionan con Inglaterra y menos cuando el técnico los pone en la primera línea de volantes como un doble pivot de seguridad. Los dos están enseñados a tener un resguardo, quien les cuide las espaldas para poder ir al frente y como el “ego” de los dos parece impedirlo, se mandan al tiempo al ataque, descuidan la función de marca y el resultado es catastrófico para el equipo, como lo vivió Inglaterra frente a Estados Unidos.
Cuando Capello tiene a Barry como volante de marca, entonces sí funcionan Gerard y Lampard, ninguno tiene que cuidarle las espaldas al otro, se complementan y sacan a relucir su gran fútbol.
Gustavo Alfaro lo explicaba así: “Uno tiene que correr la cancha horizontal, barriendo, haciendo relevos, marcando y el otro, en vertical para apoyar el ataque. Pero los dos juegan verticalmente y no hay sacrificio de marca”.
¿Quién puede dudar de la categoría de Messi y Tévez?, pero ¿funcionan como sociedad? Para nada. A Tévez le gusta ir a las puntas, disfruta del fragor de la batalla, pelea y suda. Messi es artista y más en la nueva posición de media punta, con la cancha de frente, en la individual, limpiando el camino y pateando desde fuera. Como dijo un periodista español, Messi no tiene quien le escriba en esta selección, es el faro y el guía en la individual porque en lo colectivo no tiene socios, como sí en el Barça. Cuatro grandes jugadores, cuatro talentos, ninguna pareja complementaria, ninguna “pequeña sociedad”, como diría Menotti.