Contraste absoluto en la manera como los diferentes técnicos entienden el juego y lo explican en las ruedas de prensa. Se ve y se oye de todo, como en droguería de barrio.
Está, por ejemplo, la simpleza y capacidad racional para analizar el funcionamiento de Santa Fe de Gerardo Pelusso. Serio, aplomado, no esconde verdades y tiene el coraje suficiente, gracias a su cancha y veteranía en el oficio, para aceptar que su equipo empató, creó situaciones de gol, pero careció de fluidez en el manejo del balón. Fue espeso y no encontró la pelota, pero aun así llegó frente al arco adversario. Pelusso es sincero y admite que Alianza fue un buen colectivo y que los enredó. Todo lo que dijo fue el testimonio de lo que se vio en la cancha. Por supuesto, destacó el golazo de Morelo y el buen accionar de Quiñónez, ahora dedicado a intentar recuperar el tiempo perdido.
También fue coherente en sus declaraciones Óscar Upegui, quien presentó un elenco barramejo bien estructurado, recortadito en líneas, con buen manejo en la posesión y la posición, con jugadores jóvenes de calidad como Carrascal y Aguilar. Lástima su mala actitud en la raya, que lo condena a él pero no tiene que ver con el funcionamiento del colectivo.
En cambio, Ricardo Lunari parece que no asistiera a los partidos de Millos porque sus declaraciones siempre son incoherente, absurdas y algunas rayan en el ridículo, como el fútbol de su equipo en la primera etapa. Lamentable juego, desconcentración, perdidos, ausentes de la pelota, sin ideas y sin actitud. A propósito de actitud, no se sabe si el contrato de Insúa establece que tiene que ser titular, porque su juego es paupérrimo, pero el hombre sigue ahí, devengando y sin jugar. Esta vez, por lo menos, Lunari sacó a Insúa y no metió a Máyer en el mismo cambio de los siete meses anteriores. Entró Agudelo, no se entiende por qué es suplente pues tiene más fútbol que Rangel, y terminó igualando y salvándole parcialmente los muebles a Lunari.
Reinaldo Rueda también tiene la virtud de no engañarse con el rendimiento de Nacional, al que todavía no ha podido estructurar. El 2-3-1 hace ver a Macnelly perdido, los extremos pesan poco y Rueda debería entender que a jugadores de buen pie, como Chará, es mejor acercarlos a Torres para ejecutar más el juego interno que el fútbol de bandas.
Lo dicho: por sus declaraciones los conoceréis y sabrás quiénes entienden el juego y quiénes viven en otro mundo.