Cuatro equipos han cambiado de timonel en lo que va corrido del presente campeonato. Y tan sólo uno, el Deportivo Cali, puede decir que el relevo del técnico produjo un resultado absolutamente satisfactorio.
La llegada de Comesaña con su rendimiento del 83% podría inducir a los directivos a pensar que echar un técnico a mitad de torneo es la mejor y única forma de salir del atolladero. La victoria inesperada ante el Medellín, con el regalazo de Bréyner Castillo que estalló en la cara de Nazarith y terminó en el arco aumentó la progresión verdiblanca y ya lo tiene entre los ocho mejores, cuando con el argentino Insúa pisaba el fondo de la tabla y lucía absolutamente incoherente en su fútbol, su planteo táctico y su manejo del grupo.
Sin embargo, los otros equipos que han relevado a sus técnicos no tienen los mismos resultados. Cúcuta no gana un punto desde la llegada de Quintabani y camina raudo rumbo a la serie B. El Medellín tiene unas de cal y otras de arena. Ganarle los dos clásicos al Nacional es el máximo trofeo que puede exhibir Hernán Darío Gómez en su breve paso por el DIM, que luce encorsetado, atado, demasiado táctico y amarrado al esquema de su técnico. El Medellín del domingo ante Cali careció de argumentos ofensivos, no produjo llegadas por las bandas, jugó demasiado retrasado y terminó pagando cara su falta de talento, chispa e improvisación. El balance cercano al 40% no da para pensar que el relevo de técnico haya sido bueno, por lo menos en el aspecto numérico.
Tampoco dejó buena sensación el relevo de Páez en el Once caldas, pues los pastusos lo recibieron con un contundente 4-0.
Queda entonces, como siempre se ha dicho, ¿sí es bueno cambiar o no a mitad de camino? Santa Fe, por ejemplo, le da hoy gracias al presidente de no haber tocado a Wilson Gutiérrez, quien logró “encontrar” el equipo y suma ya 18 puntos y se metió entre los ocho. Un solo detalle: Gutiérrez aprovechó algunas contingencias de lesión y expulsión para rearmar un equipo a su gusto, sacando al pesado y torpe Centurión y al desordenado e irresponsable Bedoya. Hoy los hinchas no los quieren ni ver y los colombianitos Quiñones y Roa tienen el respeto de la hinchada. Golpe de fortuna o no, Gutiérrez se atrevió y pese a las malas caras y pucheros de los afectados, el respaldo a los que llegaron tiene su premio.
No hay una ley fija, algunas veces es mejor aplicar la vieja sentencia de que “lo que no sirve, que no estorbe”… otras veces “es mejor malo conocido que bueno por conocer”.