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Póquer inglés

13 de marzo de 2009 - 11:42 p. m.

Las palabras del técnico José Mourinho, tras la caída del Inter ante el Manchester son reveladoras sobre el dominio de los clubes ingleses en la Champions: “Parece que juegan a otro juego. Son más fuertes, más rápidos, más altos y si alguno se cansa, el que llega procedente del banquillo es igual o superior”.

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El pleno inglés en los octavos de final, un auténtico póquer, al colocar sus cuatro equipos en la siguiente ronda, obliga a varias reflexiones. Cuando los clubes ingleses dejaron de ser sociedades anónimas y pasaron en su gran mayoría a ser empresas de grandes capitalistas como el ruso Roman Abramovich, el estadounidense Malcom Glazer, y los dueños de Arsenal y Liverpool, auténticos magnates que entienden el fútbol como un negocio, los resultados pasaron a verse en la conformación de las nóminas y a Inglaterra llegó una gran parte de los mejores jugadores del mundo.

Por supuesto, los mejores  juegan un fútbol diferente al que habitualmente se practicaba en la liga inglesa  y atrás quedaron los pelotazos a las bandas, la corrida cual flecha veloz por la raya y el centro templado para que entren a rematar por arriba unos tipos con cráneo duro y cabeza rapada que se llevaban a todo el mundo por delante. Hoy en Inglaterra se juega con la pelota pegada al botín, con gran habilidad, con magnífica destreza y con respeto al concepto espectáculo. Algunos equipos de la parte baja de la tabla todavía no han podido cambiar el ‘chip’ y entienden el fútbol a la manera antigua, pero ellos no tienen grandes jugadores en sus filas, ellos todavía tienen futbolistas ingleses de características diferentes a los ‘foráneos’ que llegaron para sumar.

El más técnico y ‘latino’ es el Arsenal, de Wenger, sobre todo si en sus filas está Cesc, un gran dominador de bola. El más táctico y con más manejo de las transiciones defensa-ataque-defensa es el Liverpool de Rafa Benítez, especialmente en la Champions, donde brilla a gran altura. Manchester United es la perfección táctica, récord de minutos sin goles en contra y un ataque mortal con su tridente Cristiano-Rooney-Berbatov. Y el Chelsea, subcampeón europeo, encontró en el holandés Hiddinck la solución a los problemas de vestuario y ahora volvió a jugar muy bien al fútbol.

Mucho dinero, estadios llenos, conducta perfecta, público alentando noventa minutos –qué espectáculo el de los hinchas del Liverpool ante el Madrid– canchas que son tapeticos, goles y un fútbol generoso y goleador. En el banco, genios de la táctica y la estrategia y arriba, en las tribunas, unos magnates, algunos con discutible hoja de vida pero con unas abultadas chequeras, para pagar las mejores nóminas del mundo.

Esos son los grandes clubes ingleses en la Champions. Pero ese no es el fútbol inglés de selección, eliminado de la última Eurocopa y donde Capello hace esfuerzos por montar una selección decente, pues los cupos en los equipos los tienen los extranjeros.

Mucha comida al desayuno y unas hambrunas terribles en la cena.

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