La sentencia del juzgado 43 Civil de Circuito, en el caso de la tutela interpuesta por el jugador Yhonny Ramírez, fue contundente y negó las pretensiones de la agremiación de futbolistas colombianos de no ser juzgados por los reglamentos deportivos de la Federación y tan sólo someterse a la justicia ordinaria.
“Conforme a la jurisprudencia de la Corte Constitucional, las federaciones deportivas colombianas son verdaderas empresas, en virtud que ejercen una actividad económica, pues contratan jugadores, reciben ingresos por concepto de venta de entradas a los espectáculos y derechos de transmisión, promoción de marca, etc. y por tanto, en principio, los clubes y los jugadores deben regirse por sus estatutos, así como por los señalados por la Fifa, máximo rector del fútbol mundial”.
Quedó de esta manera desvirtuada la pretensión de Carlos González Puche y los futbolistas de aislarse del contexto universal del fútbol y no aceptar la normatividad deportiva. El fallo es bastante claro y contundente.
También lo fue la respuesta del Ministerio de Trabajo al show barato de los jugadores de sentarse en las canchas a protestar, la fuerza de los paros a la brava, las presiones indebidas, el estilito pugnaz y sucio de González Puche en busca de vitrina en su desmesurado afán de protagonismo. Esta semana el ministro Pardo Rueda presentó a la opinión pública el proyecto de ley sobre los derechos y deberes de los jugadores de fútbol profesionales, y la verdad es que resulta más favorable a los jugadores que a los propios clubes. Los que deberían estar preocupados son los dirigentes pues ellos tienen mucho más que perder con el nuevo estatuto que los mismos profesionales, quienes deben sentirse muy bien tratados y con garantías laborales de cara al futuro.
El ministerio de Trabajo respondió entonces al espectáculo circense organizado por la agremiación y lo hizo bien. En cambio, la agremiación quedó pintada de cuerpo entero: es una entidad donde, como borreguitos, unos jugadores sin preparación y con pocos conocimientos se están dejando llevar al matadero por cuenta de dos dirigentes sindicalizados que ni rajan ni prestan el hacha, a los que la justicia, como en el fallo del volante de Millonarios Yhonny Ramírez, viene poniendo en su sitio. Mientras los líderes de la agremiación sean sujetos como Carlos González Puche y Luis García, poco puede esperarse de sentido común, mesura y raciocinio, todo se irá en shows y vitrina.
Sin lugar a dudas ese partido lo van perdiendo los jugadores de los equipos profesionales por culpa de quienes no están pensando en los futbolistas sino en su propia vanidad y egolatría. Es hora de que los futbolistas cambien de líderes y busquen gente preparada y dispuesta a “servirles” no a honrar su vanidoteca, como los actuales directivos.