¿Y ahora qué? Cuatro jornadas después del arranque de las eliminatorias Colombia acusa confusión, caos y produce más insatisfacción y desesperanza que señales de tranquilidad. La selección es un enfermo en cuidados intensivos cuando apenas está empezando el largo viaje del camino hacia el Mundial.
Pocos creen ya en el cuerpo técnico y Leonel se vio inmaduro y bichecito en el manejo de las convocatorias, de la táctica y la lectura de los partidos; de la conducción del grupo, que se requiere espíritu de Lama budista para no ponerse nervioso cuando se menciona la posibilidad de dejarlo hasta los próximos partidos y, peor aún, de aguantarlo para que “vaya aprendiendo”, como dijo alguien por ahí. Hoy no sirve Leonel, como ayer no servían García, Maturana, Lara, Rueda, Pinto y otros.
La plaza elegida por los jugadores y el cuerpo técnico resultó tan nociva para el físico como lo fue Bogotá en su momento. Hoy son la humedad y el calor los culpables del cansancio y de los terribles segundos tiempos con un equipo caído en la parte atlética cuando se suponía, eso creíamos todos, que los adversarios eran los que se iban a fundir. Ayer la culpa era de Bogotá por la altura. Siempre habrá una disculpa.
Los jugadores llamados como salvadores están en el paredón y los galones de rancios generales, como Yepes y Perea, están bajo sospecha, culpables de desafortunadas jugadas que condenaron al equipo. Y sí se les cae a los ‘viejos’, la opinión es también muy dura con los nuevos a quienes se acusa de tibiecitos y faltos de testosterona.
Por supuesto, a la hora de la condena pública también hay mucho palo para los directivos que lucen incoherentes y poco conectados a la realidad de un fútbol que viene agonizando en sus inexpertas manos y en decisiones donde lo único que vale es la plata y los viajes. La locomotora del fútbol tampoco arranca y está tan frenada como la de las obras e infraestructura, mucho verso y poca realidad, nada que mostrar a excepción de fracasos y derrotas.
¿Y ahora qué? Esa es la pregunta, qué hacer, cómo resolver esta encrucijada, cómo aliviar este enfermo que pide a gritos una mano con experticia, que sepa qué hacer en la cabeza de la Federación y en el comando técnico. Ese paciente en cuidados intensivos no puede seguir en manos de los chambones de turno.
Seguramente, como es el estilo de Bedoya, no habrá respuestas, no habrá soluciones, todo se volverá a jugar al dejemos que el tema se enfríe y entonces miraremos qué hacemos. Amanecerá y veremos, dijo el ciego del lado…