Resultó halagüeño y prometedor el inicio de la Liga profesional.
La jornada estuvo matizada por buenos partidos, emocionantes algunos en su final y otros en su desarrollo y contenido, por golazos, auténticas joyas, y por equipos que van entendiendo que los puntos del principio valen tanto como los del final, que ese puntico cedido hoy es el que mañana los saca de pelear cosas mayores.
Nacional pasó por encima del Cali, lo aplanchó, lo apabulló y quedó una sensación general: lo hizo utilizando tan sólo el 40% de sus recursos futbolísticos, sin despeinarse o, como dijo hace muchos años Helenio Herrera, un afamado técnico de la década de los setenta, “sin bajarse del autobús”. La combinación Dorlan-Macnelly-Mosquera resulta letal para quien no oponga bloques cortos de presión que les impidan juntarse libremente. Goleó y Sachi sabe bien que todavía tiene mucha gasolina y que el equipo dará muchísimo más. El golazo de Valencia y las tres joyitas de Dorlan premiaron al elenco al que sólo los egos mal oficiados y el individualismo podrían llevar al fracaso.
En cambio, Cali termina intranquilo por los visibles errores tácticos. Jugarle con tres en el fondo a un equipo que abre bien el juego por las bandas es un auténtico suicidio. Insúa lo hizo y salió chamuscado en el resultado y en su imagen, porque se vio tan pobre, mal parado y errático el elenco verdiblanco que deberá hacer un gran trabajo para cambiar esa fea cara inicial. La nueva junta directiva, con Astudillo y Lennis, más la plata de María Clara Naranjo, son la única solución para un equipo que quedó desvencijado, arruinado, asolado, tras el paso de los Marín, Celi y Roa por sus filas.
Gustó el Cartagena que tuvo conciencia de poblar bien el mediocampo, darle buen tránsito a la pelota jugándola por el piso, y contó con el joven Arias, quien regaló dos auténticas joyas. En el primero hizo un freno espectacular, echó el cuerpo para atrás y toqueteó la pelota con tal finura que parecía gol de otra dimensión. Y en el segundo le pegó un chanfletazo al ángulo para el empate. Los cartageneros se juegan la vida cada ocho días con ese acoso incómodo del descenso.
Merecido el gol de Hernández para completar cien con la camiseta del Júnior. No podía disfrutar de la fecha con un golcito cualquiera y para que no quedara duda alguna se fajó una espectacular y acrobática maniobra. Una obra de arte.
Así pues, la jornada inicial fue divertida, interesante y con raptos de buen fútbol. Que siga así.