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Radamel, el triste

13 de enero de 2014 - 05:36 p. m.

Radamel escogió dinero, mucho dinero, una maravillosa comisión y un buen contrato. Radamel se dejó llevar por Méndez, ese tiburón ambicioso, un hombre sin escrúpulos, y terminó vendiéndole su alma al magnate ruso que se apoderó del Mónaco.

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Pero no siempre las cosas buenas pasan por el dinero. La plata no es la felicidad, dice el proverbio; pero ayuda mucho, dicen otros. Y hoy, a pesar del billetal que se embolsa Radamel, se le nota una cara de infelicidad absoluta en el campo. Radamel juega triste, esa pelota no le llega nunca limpia, ya no sale en los titulares de los periódicos, ya no lo mencionan como candidato a ningún Balón y ninguna Bota.

Por eso, cuando sus amigos periodistas mencionan desde Madrid que Falcao está pensando seriamente en tomar medidas al finalizar la temporada con el cuadro monegasco, buscar nuevas alternativas, irse al Real Madrid o al Chelsea, cualquiera entiende que el futuro del samario no pasa por continuar en Mónaco.

Tuvo mala suerte Radamel cuando aterrizó en el equipo que Méndez le preparó para ganarse una jugosa comisión y darle a su protegido un contrato estratosférico, de los diez mejores sueldos del mundo. Pero allí se encontró con Claudio Ranieri, un técnico italiano con mentalidad chica, de esos que creen que lo único válido es el catenaccio, que no le gusta que el fútbol fluya, ajeno al toque y las sociedades, un señor que ha montado una escuadra fea, que juega mal, sin gusto por la pelota. Este Mónaco, a pesar de tener buenos futbolistas, juega mal, es un equipo jarto de ver, que tira pelotazos, pega y pega, lucha y corre, pero no tiene chispa, talento o fantasía. Una birria de equipo. Un somnífero a la italiana, al estilo Ranieri, un hombre gris con una idea futbolística ídem. Puede que hasta ahora los resultados lo hayan salvado, pero como equipo el Mónaco es flojísimo.

A Radamel no le llega la pelota. Nadie lo deja mano a mano. Tan sólo James, jugando por delante de un tridente defensivo en el 4-3-1-2, intenta habilitarlo, pero a James tampoco le colaboran. Y por eso su cara de infelicidad, sus mohines pidiendo una pelota bien jugada, una pared, una asociación, pero con ese fútbol va a ser difícil.

Radamel dirá que no, hombre prudente y respetuoso, pero después del Mundial se irá a otro lado, a un equipo que juegue al fútbol, a buscar un técnico que intente generar un equipo para sus goles. En este Mónaco, y con Ranieri, no hay futuro.
Moraleja: no todo lo que brilla es oro, ¿verdad, Rada?

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