Inspirados en la Semana Santa, la selección de Colombia y Millonarios protagonizaron dos casos de auténtica resurrección futbolística.
Colombia había jugado mal hasta el martes en Barranquilla. Sus partidos después del Mundial nunca habían sido contundentes, claros, nítidos. Su trasegar en medio de la inseguridad del cuerpo técnico para afrontar la renovación era tambaleante. Un partidito aceptable en Chile con un empate y derrotas ante Uruguay y Argentina jugando realmente mal en todo sentido. Desde el mal planteo táctico, las malas decisiones en la cancha, las bajas performances individuales, esa Colombia de inicio de la eliminatoria no tenía nada que ver con el equipo del Mundial. Lo sostenían triunfos limitadísimos, como el que se obtuvo ante Perú en Barranquilla y los tres puntos ante el peor equipo de la eliminatoria, el modestísimo Bolivia.
Contra Ecuador fue otra cosa. Volvió el fútbol, retornó el juego colectivo, se reencontraron los buenos jugadores con la pelota en los pies y el planteo fue determinante: anular las bandas ecuatorianas al cercenar las conexiones de Montero y Valencia con el juego interior, tapar a Enner y a Mena en los duelos individuales y ganar el mediocampo con la febril actividad de Torres y Sebastián Pérez. Además, James, Cuadrado y Edwin Cardona tuvieron una titánica tarea en la gestación del juego, acompañándose y encontrando secuencias largas de pases de todos los matices, cortos, largos e intermedios. Bacca deleitándose por recibir balones de gol y James empecinado en despilfarrar sus opciones, extraño en un jugador con notable puntería, pues en el Real Madrid es el goleador del equipo después de la BBC.
Triunfo redondo, la mejor actuación desde el Mundial y dejar claro que sí había jugadores para renovar, en la Liga local, y que se perdieron meses por falta de trabajo.
Millonarios ganaba puntos y partidos, pero no convencía. Siempre quedaba la imagen de un equipo flojo en sus convicciones y movimientos tácticos, capaz de ganarle a cualquiera, pero también apto para perder contra equipos de la B en Copa Colombia. Cuando el asunto se puso difícil, el elenco azul enfrentó a Santa Fe y Nacional, los dos partidos clásicos que el hincha no quiere perder por ningún motivo. Y Millos ganó los dos para restablecer la comunión con su fiel fanaticada. ¿Jugando bien? Sí, contra Nacional en el segundo tiempo, cuando desapareció al campeón, lo atacó arriba, le robó la pelota, le creó muchas opciones de gol y lo hizo ver muy mal.
La idea global es que en el fútbol cada partido es una historia y lo que ayer se hizo mal hoy se puede hacer bien. La obligación es, tras la resurrección, no olvidar el camino de la victoria y de los aplausos.