Se veía venir, no podía ser de otra forma, se anticipaba que el descalabro final estaba a la vuelta de la esquina desde el primer día que arrancó el torneo y se calcularon y aquilataron las fuerzas. Por primera vez desde 2004 Bogotá se queda sin equipos en la final del fútbol colombiano.
La única culpabilidad en el descalabro de azules y rojos corresponde directamente a la dirigencia. Hicieron muy mal su tarea, no reforzaron las nóminas para afrontar Liga y Copa Libertadores y en una arrogancia que los pinta de cuerpo entero, creyeron que el golpe de suerte que fue su presencia en el podio de los dos primeros el año pasado era repetible sin tener armas para conseguirlo.
Millonarios no trajo nada valioso para reforzarse. Sobre el papel la gran contratación era Santiago Montoya y entre un mal posicionamiento en la cancha, una ausencia de jerarquía que le impidió convertirse en el eje del equipo y una lesión al final, su millonaria inversión se perdió. Lo otro, los López, Carrillo, Ovelar, eran apuestas mínimas, jugadores que no podían dar mucho y todo por aquella visión raquítica de Serpa y Camacho, convencidos en medio de su arrogancia de que todo lo saben y todo lo conocen, que con eso sonaría nuevamente la flauta. A Millos no le faltó un gol, le faltó fútbol, personalidad, convicción. Pesó la enfermedad de Russo y mucho más la venta de Mosquera, un elemento clave en el engranaje ofensivo, no reemplazado en su momento porque el negocio es el negocio y Serpa piensa en Opas, capitales y todo el macro lenguaje financiero que domina, pero de fútbol muy poco.
En Santa Fe también sobró arrogancia y el espíritu egocentrista de Pastrana, convencido de que era el dueño, amo y señor, presidente, capitalista y técnico, terminó desbaratando los pocos restos que el equipo rojo traía de las ultimas temporadas en las que se contrató muy mal y se vendió mucho. El dinero de las ventas nunca se reutilizó en el equipo y hoy es motivo de investigación interna por parte de los verdaderos dueños dónde fue a parar todo ese billete. Además, como Pastrana se cree bajado de las nalgas de Júpiter, nunca aceptó que el técnico tomara decisiones contrarias a su criterio, salida de Pérez y negativa a la llegada de Seijas, y se dedicó a promover una guerra sucia contra el técnico a partir de sus “comunicadores de cabecera”. Hoy Pastrana está listo para entregar lo que nunca fue suyo.
Fracaso total, los dos equipos de Bogotá, gracias a sus dirigentes. Hicieron el ridículo en el semestre.