No le pegan a una, no aciertan en nada, error tras error, disparate tras disparate, esto ha sido un auténtico sainete, la feria del despropósito.
La absoluta incapacidad de Luis Bedoya y su comité ejecutivo para manejar con mano firme y certera el fútbol colombiano ha quedado totalmente evidenciada con los acontecimientos de los últimos 15 días.
Bedoya, dirán algunos con razón, no tiene la culpa de la borrachera de su técnico y el acto demencial de pegarle a su acompañante. Gómez destruyó con su acción su carrera deportiva y todo el edificio que habían construido Bedoya y sus compañeros, jugándosela toda al nombre del técnico paisa. Las cosas iban bien, había consenso, el equipo daba señales de vida y esperanzas.
Bedoya, en cambio, sí tiene la culpa de todo lo que pasó después. Intentó restarle importancia al incidente y eso alebrestó a los “julitos” que se la cobraron. Después mandó redactar una carta de disculpas que tan sólo sirvió para que Gómez admitiera la causa y enervara a la masa femenina y masculina, que con su confesión se lo querían comer vivo. Y luego lo puso a firmar una carta de renuncia prometiéndole a Gómez que “no te la vamos a aceptar, tranquilo”. Y para colmo de males, apareció ese bárbaro personaje de González Alzate haciendo la apología de una agresión física contra Piedad Córdoba y en su tono pendenciero, vulgar, chabacano y ramplón desafió al patrocinador, al Gobierno y a todos los que querían que Gómez se fuera. Y allí fue Troya, ese día quedó marcado el futuro de Gómez.
Bedoya y el Comité debieron atender la sugerencia de quienes pidieron que se le aceptara la renuncia desde el primer día. Dos miembros del Comité, Jesurún y Perdomo, fueron enfáticos en sus posiciones, pero la tibieza y falta de carácter de Bedoya, su sometimiento psicológico a González Alzate, le impidieron tomar la determinación. Se perdieron 15 días mientras Bedoya paseaba a sus ‘patrones’ de la Fifa por todo el país.
Luego, una carta que se volvió “irrevocable” cuando el presidente Santos apretó y más mentiras y mentiras de Bedoya sobre el tema. Y ese viaje a Lima, sin dignidad ni carácter, rogándole a Martino, que quería venir con siete acompañantes y un sueldo estrafalario. Eran tantos que había que transportarlos en un Transmilenio.
Acá estamos, a mes y medio del debut en las eliminatorias, sin técnico fijo, sin determinaciones, sin personalidad, temple y carácter. Jugando los mismos partiditos de siempre contra Honduras y Jamaica en canchas gringas llenas de rayitas, cual picaditos de barrio. Con un montón de candidatos al cargo de DT, pero ninguno llena las expectativas en un país donde a nadie le gusta nada. Con Leonel provisional cuando ellos, los dirigentes, dicen a sotto voce que es imposible entregarle el equipo a Leonel, vaya uno a saber por qué razón.
Esta es la cuota inicial de un fracaso anunciado, vamos rumbo al precipicio y el conductor de este carro tiene los ojos vendados y la pierna del freno enyesada.