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Se juega mal

15 de octubre de 2016 - 09:00 p. m.

Una cosa son los resultados y otra bien diferente el juego, el fútbol, la forma en que se están consiguiendo esos puntos. Hoy por hoy, Colombia iría al Mundial directamente. Los últimos cuatro puntos del combo afianzaron la presencia del seleccionado nacional, pero dejaron un montón de dudas sobre el funcionamiento y las formas escogidas para encontrar los resultados.

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A esta Colombia se le ve tan falta de juego colectivo, tan ausente de ideas, tan alejada de una identidad de juego, que en cualquier momento puede llegar la debacle. Por supuesto, cuando se triunfa somos pocos los que reparamos en la forma de ganar. Es fácil treparse al bus ganador y celebrar puntos. Es difícil aprender a digerir y masticar los resultados en su justa esencia. El triunfalismo y el arribismo de los que soban chaqueta siempre dejarán en evidencia a quienes miramos con otra óptica los resultados, sapientes de que es más fácil ganar títulos, conseguir resultados jugando bien, que a los trompicones, empujando, forcejeando, pegándole de punta para arriba, pendientes de un milagrito de última hora como el de Asunción o el de Barranquilla. Se valora que el equipo ha encontrado en el soporte anímico y la testosterona el antídoto para la falta de juego, la ausencia de fútbol. De 180 minutos en el combo, se jugaron 20 como debe ser: con manejo de espacios, intensidad, ritmo, circulación de pelota, apertura de campo. Lo otro fue un canto al forcejeo, pegándole de punta para arriba, luchando, peleando, enredados, sin la pelota, corriendo y metiendo pero sin un ápice de claridad y control.

El problema del ataque lleva ya varios partidos y las soluciones desde el banco técnico no se ven por ningún lado. La persistencia en mantener la abnegada soledad de Bacca allá arriba, con peligro de que lo secuestren los adversarios, carece de justificación. El niño que llora y la mamá que le pega, diría alguien. Bacca bien perdido y el volumen de juego extraviado, llevan a que este equipo carezca de mordiente, pólvora y sea insignificante en el ataque.

La ausencia de creación y la falta de ataque colectivo son evidentes y el hecho de que un mediocampista de marca, Carlos Sánchez, sea siempre la figura, como símbolo del pundonor y las ganas, es tan solo el reflejo de lo que pasa en la cancha, es un premio al sudor y un castigo al talento.

A no meterse mentiras: la tabla dice que la selección va bien, el juego dice que hay un extravío de ideas y generación y que es hora de encontrarle soluciones. A pellizcarse, Pékerman, que este equipo gana pero juega mal.

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