Hace un año, el panorama era bien diferente.
A la Copa América de Chile la selección de Colombia llegó remendada, con muchos jugadores lesionados en proceso de recuperación, sin ritmo y sin juego, con muchas dudas y fundamentalmente con varios de los titulares siendo suplentes en las competiciones europeas. El resultado fue malo, el equipo jugó mal, llegó hasta un alargue con Argentina gracias a Ospina, pero el fútbol nunca apareció, las ideas y el talento se esfumaron y la aterrizada fue total.
Un año después, en pleno proceso de reformulación, cuando el técnico por fin entendió que había que trabajar en nuevos nombres, en armar de nuevo la base porque algunos se habían avejentado y otros habían perdido su magia, llega este desafío de la Copa Centenario, ese torneo de marketing y negocitos montado por los estadounidenses para ellos y por ellos, y se ve una Colombia más saludable, con mejor semblante.
Si la selección logra repetir el partido disputado frente a Ecuador en volumen de juego, autoridad con la pelota, oportunidades de gol, el futuro sería muy prometedor. Pero si Colombia olvida el camino y actúa como lo venía haciendo en la eliminatoria —Uruguay, Argentina y Chile–, el tema será bien complicado.
Los rivales de la Copa Centenario parecen sobre el papel, que todo lo aguanta, un poco más duros que el grupo de Chile. Venezuela y Perú eran los equipos a vencer hace un año y Brasil era el coco del grupo. Todo fue al revés, pues a Brasil se le ganó y con Venezuela y Perú fue un parto. Debutar contra Estados Unidos, abriendo la Copa ante el local, puede llenar de ansiedad al colectivo, pero también es una buena prueba para ir constatando las madurez del grupo. Paraguay y Costa Rica no son peritas en dulce, son difíciles, están pasando por un buen momento.
Diera también la impresión de que Colombia volverá a un módulo que le dio resultado en la Copa Mundo llenando la media cancha con cinco volantes. Dos netos de marca y tres en segunda línea que cuando retroceden arman una doble línea de cuatro. James volverá a la posición en la que se siente más cómodo, jugando por detrás del nueve. Bacca, en el balcón del área para aprovechar su bella pegada de media distancia.
Lo más difícil será la primera fase ante rivales parejos, que obligarán al equipo a ser serio y estar concentrado en el juego, sin triunfalismos y sin creer que ganan con la camiseta. Pasando la primera etapa, todo es posible, pues excepto Argentina no hay un gran equipo en esta Copa Centenario.