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Sí, pero no…

05 de febrero de 2008 - 03:41 p. m.

La administración de la Dimayor y sus 36 clubes afiliados están "cocinando" a fuego lento una Copa Colombia, evento a jugarse los miércoles bajo el presunto sistema de eliminación directa. Una "copa" como las tienen los países avanzados en materia futbolística, una réplica de la Copa del Rey en España, la Copa Italia, la Carling Cup en Inglaterra.

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Ese platillo ya lleva algunos hervores, pero todavía le falta la sazón definitiva, el toque del chef para que el manjar sea apetecible y resulte un éxito para los comensales invitados.

Se les daría a los equipos la posibilidad de mirar lo que viene en las divisiones inferiores, se le daría rodaje a mucho jugador suplente que podría tener en la copa un motivo para mantenerse bien, se podrían observar los futbolistas de la B que tan poco se miran en las capitales con fútbol profesional, se podrían foguear árbitros nuevos. Muchas cosas positivas habría en ese sentido. Los de la B tendrían muy buenas recaudaciones en lances contra los equipos de grandes hinchadas como Millos, Nacional y América.

En principio se habla de dividir los 36 equipos de las categorías A y B en seis grupos de seis cada uno y jugar un previo de todos contra todos a ida y vuelta en la primera fase para calificar a dos a la siguiente ronda. No hay observaciones sobre la subdivisión de grupos, es bastante práctica y resulta cómoda en materia de costos, evitando largos viajes y erogaciones mayores en concentraciones.

Sí, pero no, como decía la mamá a la que el hijo le pedía permiso para ir a la fiesta, en aquellas épocas en que los hijos pedían permiso, porque hoy se van y punto. Sí, te doy el permiso, pero… tienes que llegar a las doce, no te puedes juntar con fulanito, no puedes tomar…. Sí, muy bueno el torneo, pero no, la organización inicial es mala. No tienen sentido los hexagonales con partidos a ida y vuelta y todos contra todos. Las copas son de eliminación directa y a otra cosa. Los partidos de los equipos de la serie A contra los de la serie B no llevan gente a los estadios, no son atractivos y hacen que la fase inicial sea larga y seguramente tediosa.

Lo ideal es la eliminación directa, “sembrando” los equipos en el sorteo. ¿Usted se imagina, es un ejemplo, que en el primer semestre de este año se jugaran tres clásicos Millos-Santa Fe por la Mustang y otros dos por la Colombia? Es devaluar el clásico, volverlo un partido común y corriente. Por largo, tedioso y saturador, el sistema de la primera fase es inconveniente. Exceso de sal y pimienta, un sabor agridulce están cocinando.

Otra observación: ¿Están capacitadas algunas plazas para afrontar partidos contra las escuadras que tienen barras bravas? ¿No sería motivo de preocupación ver a los vándalos destruyendo ciudades intermedias por ausencia de control policial?

Y, tema central del proyecto Copa Colombia, todo un año de partidos, en los “miércoles del plomo” en que podría terminar convertida la competición, y una pregunta clave: ¿A qué se juega, cuál es el premio? Porque competir todo un año para nada, para no obtener recompensa, es como darle besos a la hermana, todo un canto a la bandera, muy simbólico pero muy inútil.

Jessurum, el eficaz presidente de Dimayor, lo sabe. Si no hay un premio, un cupo a la Suramericana, un boleto a un repechaje de la Libertadores contra el reclasificado de la Copa Mustang, esa Copa Colombia no sirve para nada.

A los chefs de la Copa Colombia les falta ajustar detalles para que el menú sea agradable. Por lo pronto, si no hay premio, si es tan larga sobre el papel, si no se consigue un patrocinio que evite el desgaste económico de los clubes, el banquete puede terminar en un bodrio incomible. Como decían las mamás de antes: Sí a la Copa Colombia, pero no como la están cocinando…

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