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Silencio cómplice

13 de febrero de 2012 - 11:55 a. m.

Fue tan tibia, tan pusilánime, tan falta de vehemencia y carácter la posición de Luis Bedoya frente a las declaraciones homofóbicas del troglodita Álvaro González que muchas personas están convencidas de que el presidente de la federación parecería estar de acuerdo con ellas.

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González sigue recibiendo palo corrido en los medios por su ignorancia e insensatez, su afán de protagonismo, pero en el fondo sus declaraciones no sólo lo comprometen a él sino que atañen también a la Federación Colombiana de Fútbol. El silencio de Bedoya, la falta de una respuesta oficial en un comunicado donde se marque claramente que una cosa es González y otra el comité ejecutivo, resultan a la postre tan preocupantes como las mismas declaraciones del dirigente de la Difútbol.

Más allá de la ignorancia supina y esperpéntica de González, en el aire flotan temas que merecen no ser ignorados. González habla de la obligatoriedad de ser homosexual para ser árbitro de primer nivel en Colombia. Tampoco se conoce la declaración pública de los Machado, Roldán, Peñuela, Suárez, Gutiérrez y demás jueces de la primera línea, los que habitualmente trabajan en los partidos de la Liga, frente a esta declaración que, quiéranlo o no, también los compromete. Silencio, tibias reacciones y un desaforado miedo a la venganza de ese sinuoso y perverso personaje que encarna la imagen de todo lo malo del fútbol colombiano.

El aficionado normal se pregunta: ¿por qué tanto temor y por qué no reaccionan los dirigentes de la federación y la Dimayor y no dicen nada los otros árbitros? ¿Y qué dice González de las graves acusaciones de Daniel Wilson y Lorenzo López por sus pasadas actuaciones que incluyen hechos de baranda penal? Son cargos demasiado graves como para que se haga el que no sabe nada.

La federación y la comisión arbitral guardaron un peligroso silencio frente a las declaraciones de González y sería necesario preguntarle públicamente a Bedoya si él apoya al presidente de la Difútbol, por qué no ha desmentido sus versiones y por qué ese mutismo cómplice. Acaso será, como muchos del fútbol dicen, que González le tiene pisada la cuerda a Bedoya y ese “hagámonos pasito” incluye mirar para otro lado, no escuchar nada, cuando el bárbaro de la Difútbol mete las patas cada vez que abre su bocaza.

Una vez más, es preferible tener árbitros homosexuales y rectos en la aplicación del reglamento y no “machotes” que sean corruptos y venales, como eran muchos en las nefastas épocas en que González manejaba el arbitraje a su imagen y semejanza.

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