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Sin suicidarse

20 de junio de 2016 - 11:06 p. m.

Afortunadamente la selección de Colombia no es México y pregona un credo futbolístico totalmente diferente al de los aztecas. Los que creen que Chile, vigente campeón de la Copa América, tendrá un paseo ante el equipo de Pékerman se llevarán su sorpresa.

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Lo más importante es aceptar la mayor capacidad colectiva y los mejores argumentos individuales del equipo de Pizzi para poder conseguir un buen resultado. Jugarles mano a mano sería un suicidio y podría resultar tan grave como le pasó a México, vapuleado y zarandeado, cuando salió a atacarlos, desprotegiéndose innecesariamente, regalándoles los espacios, intentando jugar al mismo ritmo.

Francisco Maturana tuvo razón cuando dijo, tras el primer partido chileno ante Argentina, que no podía descalificarse al campeón y que merecía más respeto. Chile ha ido creciendo y encontrando valores que no tuvo en los dos primeros juegos. Le costó, pero cuando aparece el equilibrio entre el vértigo de Bielsa, un torbellino infernal de lado a lado, y la elaboración de Sampaoli, el elenco austral puede llegar a ser un muy buen equipo de fútbol. Ese justo término, combinación de velocidad, intensidad, elaboración y definición, lo tuvo Chile en la goleada a los mexicanos. Fue una noche mágica, irrepetible, pero tampoco es la constante.

Osorio parte siempre de unas bases innegociables en su credo futbolístico: imponer el ritmo alto en el juego, abrir la pelota a las bandas, un nueve de área que culmine las maniobras de sus extremos. Chile lo superó en el ritmo volviendo a ser el equipo de Bielsa y la eliminatoria a Sudáfrica. Pero a la intensidad del juego le agregó la inteligencia para cortar los circuitos creativos mexicanos al desactivar al Tecatito de Guardado y a Lozano de Herrera. Anuladas las bandas, México tiró pelotazos, no cortó juego en la mitad y se abandonó a las mejores maniobras chilenas. Por eso se fueron goleados.

Colombia no puede caer en el señuelo y el ardid de Pizzi. Lo primero es no jugarle a su ritmo. Caer en el error de querer ponerle alta velocidad al partido solo favorece a los rojos. Regalarle espacios, como habitualmente lo hace México, equipo al estilo Osorio, diseñado para atacar, sería mortal, pues Alexis y Vargas son goleadores y se acompañan y complementan bien en el frente del ataque. Y lo tercero es cerrarle los caminos de elaboración. La ausencia de Vidal pesará mucho en Chile y sin Valdivia y Vidal, falta talento y chispa en Chile.

Aceptar el papel defensivo, lo único rescatable en estos momentos, es una buena noticia para la selección. Tal como lo hizo en Santiago a principios de la eliminatoria cuando se sacó un valioso empate. Jugarles mano a mano es suicida.

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