Una de la misiones del periodismo es ahondar en los hechos, no quedarse en la simple declaración oficial. Sólo así, mediante la búsqueda de la verdad, se puede presentar al consumidor una visión cercana a la realidad.
Por eso, en la almibarada declaración de Luis Bedoya sobre la permanencia de Lara al frente de la selección Sub 20, se refirió aun “soporte sicológico” para lograr los éxitos que hasta ahora no tiene el combinado nacional que jugará el Mundial. La frase pasó de ladito, nadie le puso color al tema, pero uno que tiene por costumbre no tragar entero, que a esta altura de la vida no come vidrio, tiene que preguntarse ¿en qué consiste el “soporte sicológico”, qué es eso, cómo se come, cómo se aplica?
Reducir el problema de una selección mal trabajada en la parte táctica, incoherente en la búsqueda de un estilo de juego, mal dirigida y con graves fisuras internas, a la búsqueda de un “soporte sicológico”, resulta realmente ridículo y pinta de cuerpo entero a quienes manejan el fútbol colombiano.
Vamos por partes. Lara tiene que arreglar la parte defensiva, que es donde fundamentalmente se nota el trabajo de un técnico. La zaga deja levantar la pelota desde los costados, se posiciona muy mal, los centrales juegan en línea y no saben achicar o agrandar, el lateral Viáfara no tiene nivel para jugar en un Mundial. La incoherencia en lo táctico llega a tal punto que los volantes no hacen relevos cuando se van los laterales y el mediocampista central no sabe incrustarse entre los defensores. La selección fue un horroroso desastre en la parte táctica. La pregunta es si un “soporte sicológico” arreglara ese adefesio.
Tampoco un sicólogo puede arreglar los problemas internos de comunicación que hay entre un técnico divorciado de sus jugadores y una plantilla que ya le perdió la confianza y no le cree tras tantos errores, desvíos e incoherencias en el planteamiento y ejecución de los partidos.
Así, pues, el cuento del sicólogo y su soporte fue una mentirilla para salir del paso, para quedar bien ante los medios que se tragaron entera esa carnadita. El tema es bien diferente, acá se requieren medidas grandes, primarias, radicales, para evitar un ridículo en el Mundial. Dejar a Lara fue una terrible equivocación, pero no hacer nada diferente a pensar en sicólogos para ayudarle a salir del trance, puede ser peor.
Lara y Bedoya tienen que entender que sacar a Michael Ortega, convocar a Duván Zapata, llamar a James Rodríguez, no cambia el panorama. Ese equipo no tiene trabajo táctico tras cien entrenamientos, ese equipo no le cree a su conductor, las guerras internas son muy grandes como para pensar que la solución está en la parte “sicológica”.
El único que realmente necesita en este momento un tratamiento sicológico es Bedoya, atado de pies y manos a la voluntad de González. ¿En que momento a Bedoya se le perdieron los papeles? Y saber que ya arrancó la campaña por un tercer período.