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Sube y baja

17 de febrero de 2014 - 09:56 p. m.

Júnior ganaba fácilmente al cabo de la primera etapa ante Patriotas.

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Jugando bien, con circulación de bola, juego interno, aprovechamiento de las bandas, oportunidades de gol. Era para 3-0, pero el uruguayo Vikonis se interpuso en el camino —hasta un penalti atajó— y tan sólo terminó con un golecito.

Salieron para el segundo período y Patriotas les quitó la pelota, se apoderó del fútbol, tocó y llegó, puso a temblar la defensa barranquillera y estuvo a milímetros del empate. ¿Qué pasó en ese lapso de 15 minutos para que el local cambiara tanto y regalara el control del partido, olvidara la fórmula que le había dado resultado en la inicial y terminara pidiendo tiempo? Sólo lo saben ellos, pero el público barranquillero exige una explicación y quiere rendimientos más parejos, menos intermitentes; no quiere ver a su equipo protagonista de un solo tiempo. La mala confección del banco de suplentes juniorista por parte de El Zurdo le impidió a su escuadra reforzar la marca y recuperar la bola.

Lo mismo le pasó al Medellín, con la diferencia de que el tiburón se salvó del empate, pero el poderoso terminó regalando un punto al final del juego. A los 28 ya estaba en ventaja por gol de Mena. Tuvo muchas opciones para hacer el segundo y las despilfarró, y al final, cuando a Sarmiento le entró el “cutucutu” y trató de llenar el mediocampo con mucha marca, un lamentable error del marcapunta Pino, que jugó muy mal y fue un hueco en la defensa, le dio el empate a los huilenses. En la mente del Medellín nunca estuvo rematar el partido con fútbol ofensivo. Víctimas de lo que ha sido el molde mental que les ha impregnado Sarmiento, el cuento de la figura táctica, la doble línea de cuatro, el miedo reverencial, los jugadores sólo pensaron en defender un resultado y olvidaron que, con un hombre menos y montados en el marcador, la mejor estrategia es atacar y consolidar con goles la victoria.

No se puede cambiar tanto, no se puede mostrar tanto miedo ante equipos inferiores en plantilla y en historia. El fútbol debe tener continuidad. Pero el fútbol es practicado por humanos y no sólo se da en los equipos, también en lo individual, por lo tanto es mutante.

Dayro Moreno y Luis Carlos Ruiz, goleadores el año pasado, en forma inexplicable despilfarraron opciones de gol con el arco vacío. A Cano le rebotó la pelota y Cuero dilapidó dos goles. Todos ellos tienen fama de artilleros letales, pero son humanos y también les entran las rachas. Hoy arriba, mañana abajo.

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