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Técnico con teflón

23 de junio de 2016 - 10:00 p. m.

Si se venía a la Copa América en pos de un resultado, el balance es bueno. Llegar hasta las semifinales, logro que hacía doce años no se conseguía, merece ser validado positivamente.

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Si se venía con la misión de preparar las eliminatorias, salir fortalecido en el juego, en la idea, en los hombres, el balance es desolador. Colombia avanzó hasta semifinales jugando rematadamente mal contra Paraguay en el segundo tiempo, muy mal contra Costa Rica y Perú, y tan solo algunos minutos buenos frente a Chile. Son más las dudas que las convicciones.

A dos meses larguitos del combo Venezuela-Brasil, volvieron las dudas que se tenían antes del partido con Ecuador.

Inspira una gran desconfianza el “momento Pékerman”. Malas convocatorias, pésima elección de los titulares, horrorosas decisiones tácticas en la planificación de los partidos, lentitud absoluta en los cambios. Gris como su lenguaje, absorto en trascendentales meditaciones, el técnico ha perdido el poder de convencer, de iluminar el camino. Lo salva el “efecto teflón” que le acompaña, ese que le permite equivocarse sin que le critiquen, el que le salva del cadalso en detrimento de los jugadores que eligió, el que le permite plantear tan mal los partidos como lo hizo frente a Chile, regalando la banda izquierda con ese baboso 2-3-1 donde James y Cardona tenían que hacer doblajes de marca para ayudarle a Fabra a cumplir con su primera misión, marcar. Como los buenos sartenes, Pékerman no se raya, no se enmugra, no le tocan los coletazos de las tormentas por sus pésimas decisiones tácticas.

Si la Copa América era el momento de presentar en sociedad a los nuevos de la Olímpica, el fracaso es grandísimo. Aguilar, Mina, Marlos y Roa – que ni siquiera debutó – dejan la sensación que el relevo está biche, muy biche. Tan solo Roger Martínez dejó algunos destellos de su calidad. Poner diez nuevos frente a Costa Rica fue realmente absurdo. Los jóvenes se hacen al lado de los mayores, hay que ir mezclándolos de a poco, lanzarlos todos a la guerra fue suicida y un acto mayúsculo de irresponsabilidad del técnico.

Los días pasarán, nadie volverá a tocar el tema, pero los que miran al frente saben que en dos meses se vivirá nuevamente la fiesta de la eliminatoria y la única realidad es que sólo hay quince jugadores, que no se pueden volver a olvidar algunos que todavía tienen algo que aportar, que es necesario que muchos futbolistas retomen su nivel competitivo.

Basta de seguir agrandando jugadores y de seguir aplicándole teflón a las decisiones del técnico. Esto no va bien por más que se haya llegado a semifinales.

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