Un individuo al que conocen en el ambiente futbolístico como el Príncipe, por su afinidad absoluta con los estamentos dirigenciales del balompié mundial, no puede ofrecer muchas garantías de un cambio.
El mismísimo Satanás, Sepp Blatter, se lo enrostró recientemente cuando le dijo que se había opuesto a las grandes propuestas de reformar la FIFA desde su alta posición en la UEFA.
Gianni Infantino no parece diferente a Blatter, Platini, Grondona, Figueredo, Walker y Warner. Es de los mismos, se viste igual, modula idéntico y actuará como ellos, pues durante años y años los ha visto y los ha paladeado. El Príncipe ha vivido en el interior de la FIFA y conoce al dedillo a los bandis.
De entrada, su gran propuesta, por la que nunca han debido elegirlo al frente de la rectora del fútbol, consiste en ampliar la copa mundo a 40 países. Todo un esperpento, toda una declaración de intenciones, todo un manifiesto de absoluta incapacidad.
Cuarenta países es un adefesio en lo técnico. Es populismo puro, pagar votos a las ignotas regiones que han terminado por votarlo al frente de la FIFA, sin tener en cuenta nociones elementales de economía, respeto a la tradición futbolística, sentido de la equidad y, fundamentalmente, de premiar a los mejores, para darles campo a los países menores, que hacen bulto, venden poco y gastan lo mismo que los continentes grandes. Los beneficiados serán mas países asiáticos y africanos que no le darán brillo al Mundial, pero les permitirá manejar más derechos de televisión, más publicidad estática, más internet, más dinero para los bolsillos de los dirigentes regionales que apoyan la idea ávidos de dinero y poder.
La fiscalía de Estados Unidos, con su intensa cacería a los dirigentes corruptos que convirtieron el fútbol en una caja mayor, ha logrado el cambio de estamentos. Una nueva generación ha llegado al poder, empezando por Blatter, Platini, Léoz; la vieja casta está enjuiciada, incapacitada para actuar, por los mismos controles éticos que más tarde que temprano han llegado desde el interior, pero en el ambiente se siente que nada cambiará.
Simplemente es un relevo de personajes. En poco tiempo será lo mismo con las mismas. La purga de 2015 para lo único que servirá es para cambiar de chapa y de nombres. Ellos se inventarán la forma de seguir llenándose.
Atrás, los jugadores, los que hacen el espectáculo, los que mueven la inmensa y poderosa maquinaria, seguirán siendo esclavos de su talento y víctimas de dirigentes, empresarios y malandrines.
Abiertamente lo digo: no creo en el Príncipe Infantino.