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Todos pierden

17 de febrero de 2018 - 10:00 p. m.

Ahora quieren vender la idea de que el fútbol colombiano salió unido y fortalecido tras la primera batalla electoral en la era pos-Bedoya. Es menester recordar que Jesurún no fue elegido en una asamblea sino que asumió el cargo tras el viaje de Bedoya a Estados Unidos.

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Como en el juego de la perinola, acá todos pierden, empezando por la imagen de la dirigencia, que bajó a unos niveles insospechados de marrullería, felonía, usando el método de la política tradicional de que todo es válido en el juego por el poder.

Pierde Ramón Jesurún, quien quedó prácticamente como un rehén de su comité ejecutivo. Por su apoyo, Álvaro González lo seguía exprimiendo y sacando dinero, viajes y prebendas para él y para la Difútbol. Jesurún sabe bien que sin el apoyo de González hoy sería un “ex”. Y González, avezado en el juego del poder, maquinador y maquiavélico, le cobrará y estará siempre listo para dar el golpe de estado. Y ese golpe se puede producir en cualquier momento, porque de tener dos colaboradores absolutamente leales, Jesualdo y Hernández, hoy Ramón tiene a Pastrana y a Pineda. Pineda no ve, no oye, no entiende, no le gusta el fútbol y llega sencillamente por el apoyo de sus parientes, que lo pusieron ahí para evitar a Gustavo Serpa, ambicioso y ejecutivo que peló demasiado los dientes de lo que quiere y pretende.

Pero con Pastrana es otro cuento bien diferente. Pastrana es un auténtico peligro para la estabilidad del fútbol colombiano. Ambicioso, desmedido en sus pretensiones, sus juramentos de lealtad y respeto hacia Jesurún no se los cree nadie y tarde o temprano irá por lo que quiere y ambiciona: el puesto de Jesurún. Para mantenerlo a raya, Ramón tendrá que darle mucho juego y ese será el comienzo del fin. Si es que no pasa nada en la justicia antes de su posesión.

Pierde Perdomo, que convirtió la Dimayor en un gallinero político donde la mermelada, las traiciones, los grupúsculos, las falsedades, la hipocresía, están a la orden del día. Estuvo durante muchas horas fuera de la presidencia y ya sabe que la tropa no respeta al comandante y que si se sigue equivocando en su labor el resultado será el mismo: lo sacan en la próxima asamblea. Su imagen está absolutamente devaluada . Su lealtad hacia Jesurún es nula por más que de dientes para afuera diga lo contrario. Ramón y Perdomo se soportan, pero no se pasan, no se aguantan.

Como ven, con los G8 y G5 y todos esos grupitos que pululan en la Dimayor, decir que están unidos y fortalecidos es una mentira tan grande como afirmar que Santos es popular y respetado.

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