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Torneo largo y malito

26 de enero de 2009 - 09:09 p. m.

La voracidad económica de los directivos del fútbol es insaciable. Se parecen a los delfines de Miami a los que les echan toneladas de pescado y nunca están llenos.

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Miren estos ejemplos de la codicia de la dirigencia. Juegan un suramericano juvenil y dividen los diez equipos en dos grupos de cinco. Todos contra todos y de los cinco clasifican tres y los ponen a jugar cada 48 horas en un clima difícil, con una humedad impresionante y un desgaste físico infernal. Y en la segunda etapa, también todos contra todos, juegan otros cinco partidos y de los seis, cuatro avanzarán al campeonato mundial.

Sería mucho más técnico y menos extenuante para todos, inclusive para el bolsillo de la afición, si tras una primera ronda más espaciada clasificaran cuatro equipos y se jugara como tiene que ser: primero del grupo A contra segundo del grupo B y primero del B contra segundo del A, y los dos ganadores disputen el título y los otros dos van al Mundial. Eso sería lo correcto, pero a todos estos ‘Vitos Corleones’ del fútbol sólo les interesa el billete.

Y en Colombia no es diferente. A la Copa Colombia le meten una primera fase ridículamente larga de todos contra todos y, a pesar de que se les advierte y se les muestran las estadísticas, Jesurún y sus amigos insisten en que es así y punto. Lo importante para ellos es que haya muchos partidos, que sea bien larga y, por ende, bien aburridora la Copa Colombia. El ego les impide aceptar que está mal planificada y que debería hacerse un torneo diferente, como se juegan las auténticas copas: uno contra uno, ida y vuelta, a eliminación directa.

El Sub 20 es largo y tedioso. Estadios vacíos, fútbol enredadito, equipos que se van desplomando en la parte física por un calendario saturado de partidos. Demasiados encuentros, igual a poca calidad. Es una ecuación predecible en su final.

A los delfines de Asunción, sede la Confederación Suramericana, sólo les interesa el billete, la voracidad económica en detrimento de la calidad y el buen fútbol. Son insaciables, como los de Miami…

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