Esta vez el resultado llegó como producto de una buena cuota de fortuna y de una excepcional tarea del portero David Ospina.
Otras veces, como en la Copa América, se ha jugado muchísimo mejor y el resultado ha sido adverso. En alguna oportunidad la suerte tenía que darle una manita al equipo tricolor.
Fue un pésimo partido en la etapa inicial, desordenado, sin argumentos de contención y mucho menos de creación. Perú fue mucho más rápido en la cancha, más activo para manejar los bloques de presión, recuperar e intentar hacer daño y lo conseguía en la medida que Carrillo atacaba a un inocente Armero, a quien le explotaron permanentemente el perfil derecho.
Sacar el arco en cero en la etapa inicial tuvo a Ospina como protagonista y un magnífico trabajo de Aquivaldo, quien se batió como león frente al peligroso Paolo Guerrero. Eso en defensa, porque el ataque, la gestación y la elaboración sencillamente no existieron. No se creó una sola ocasión de gol, un tirito de Guarín fue el único disparo directo. Los volantes estuvieron totalmente desactivados y la pelota nunca le llegó limpia a Falcao.
Pékerman metió mano, el equipo se vio más en bloque, se trabajó mejor en los auxilios para neutralizar a los peruanos y, a pesar de que Perú salió a llevarse a Colombia por delante, el gol del triunfo llegó en la única jugada en que se hicieron cuatro pases seguidos, en que se puso la pelota al piso y se intentó jugar al fútbol.
Markarián es de los técnicos que piensa en que tener más delanteros significa ser mas ofensivo. En la medida que pasaron los minutos, Colombia se defendía de punta y para arriba, sin tener la pelota, sin orden y coherencia, desesperados pero sintiéndose ganadores.
Los tres puntos para subirse nuevamente al tren competitivo y punto. El fútbol no se vio, la táctica fue precaria, con pelota y sin pelota, el orden fue un espejismo, la elaboración y el toque pasaron de largo y nadie los vio. El equipo jugó muy mal en el primero y apenas regularcito en el segundo, pero se ganó y ese es un bálsamo para la incómoda situación en que estaba la selección tras el doblete de Barranquilla.
Quedan consuelos. Si jugando tan mal se ganó, es posible que levantando el nivel el equipo funcione y lleguen mejores triunfos con fútbol incorporado.
Por lo menos, esta vez la suerte nos dio una manito. Ya era hora.