Un periodista inglés le preguntó a Franz Beckenbauer qué podría darle diferente Pep Guardiola al Bayern Munich.
Pregunta lógica teniendo en cuenta los títulos logrados hasta ahora por este equipo: Liga alemana, con 25 puntos de diferencia, y Champions, con la posibilidad de conseguir el “Gran Trébol”, este fin de semana ante el Stuttgart en la Copa de Alemania.
El gran káiser respondió: “Reconocimiento, reconocimiento universal que haga del Bayern el equipo más importante del mundo durante un buen tiempo y el más poderoso”.
Será muy difícil para el técnico catalán lograr algo superior en materia futbolística, tras las grandes demostraciones que ha hecho el elenco bávaro en la presente temporada. Por momentos, sobre todo en la primera semifinal ante el Barcelona, el Bayern fue una poderosa máquina de jugar al fútbol con todos los atributos modernos. Una intensa presión desde muy arriba que le permitió recobrar el dominio de la pelota en la propia salida del adversario, un fútbol vivaz y punzante que le dio mando, posesión, actitud e intensidad en el comando del juego, tal como a Guardiola le gusta y lo consiguió tantas veces con el mejor Barça.
Heynckes le deja el listón alto a Guardiola, pero pueden estar seguros de que el técnico catalán intentará superarlo agregándole detalles de su cosecha, pinceladas de su estilo, ese que logró imprimirle al Barcelona.
Cuando los mandamases del Bayern determinaron el cambio de técnico en diciembre sabían que este equipo rozaba la perfección, pero en su empeño de llegar al tope eligieron a Guardiola para buscar un rendimiento absoluto al estilo y al juego del equipo bávaro. Y sobre todo, un mundillo de marketing, mercadeo, publicidad que no tiene con Heynckes. De un hombre sabio pero triste a uno con el carisma personal de Guardiola hay millones de euros en marcha y los alemanes también saben que el show business está por encima de cualquier otra medida. Bayern no apuesta con la contratación de Guardiola a seguir mandando en la Bundesliga, el cuadro muniqués aspira a reinar en el mundo del fútbol durante unos buenos años como símbolo del gran poderío alemán, de ese país que suele reinventarse guerra a guerra.
Guardiola dará de qué hablar desde la próxima semana, cuando tome el mando del navío. Como dijo cuando llegó al Barça: amárrense los cinturones que nos vamos a divertir. Sus primeras determinaciones causarán impacto, pues ni siquiera Robben, el gran héroe de Wembley, puede considerarse fijo en el “nuevo Bayern”.