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¡Vamos a jugar!

05 de octubre de 2015 - 10:10 p. m.

Ya está, ni James ni Macnelly. Y hay que vivir y ganar en Barranquilla.

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Pékerman sabe que esa es la contingencia de todos los técnicos del mundo, expuestos a que se lesionen o les suspendan los jugadores, y ante la adversidad deben demostrar su conocimiento de la nómina, su manejo y sus variantes.

A pocas horas del partido, estas son algunas de las claves ante los peruanos:

Le llegó la hora a Edwin Cardona, un jugador que en los planes del adiestrador estaba disponible más como volante de cierre por un costado que como clásico armador. Cardona no es un repartidor de juego, es más un media punta, y con él en la cancha la selección tendrá que modificar sus parámetros tácticos. La idea es no dejarlo solo, no aislarlo, hacerle sentir siempre compañía, y eso tiene que llegar con el desdoblamiento de alguno de los volantes de primera línea o con un “socio” en la tarea creativa, llámese Cuadrado o Guarín. Cardona jugará más arriba para poder tener el factor remate de media distancia como un argumento clave en la búsqueda del gol.

En el 4-4-2 muy cerrado de los peruanos es necesario abrir el campo, y eso se consigue con un buen fútbol interno. Si el fútbol por dentro no funciona, buenos pases, intensidad y presión para recuperar arriba, difícilmente se conseguirá el concepto de amplitud. Pero empecinarse en llegar por el medio, donde hay más trafico y auténticos destructores, como Ballón y Lobatón, puede ser una invitación al suicidio.

Entre Cuéllar, Guarín y Cuadrado sobra uno en el equipo inicialista. Con Guarín se gana en talla y media distancia, buen repliegue interno, y podría ser el acompañante de Sánchez para montar una dupla de ataque Cuadrado-Cardona. Con Cuéllar se gana laboriosidad, juntar las líneas y una salida limpia desde la media cancha. Con Cuadrado se consigue alegría y ataque, y puede ser clave para el desborde por la derecha, siempre y cuando el de la Juve entienda los conceptos colectivos y se aisle del fútbol personalista que tuvo en Copa América.

A Perú hay que taparle la salida a Advíncula, una flecha de largo recorrido por la derecha, aislar a Carrillo de Paolo Guerrero, no caer en el juego de las provocaciones. El partido tiene unas cuentas pendientes desde Temuco y Nueva Jersey, cuando imperó la pierna fuerte y quedaron heridos en la batalla.

Fundamentalmente, sean cuales sean la alineación y los hombres que designe Pékerman, hay que jugar a la pelota y evitar la guerra, la patada y la fricción. Retornar a las fuentes del Mundial y olvidarse de la Copa América.

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