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Vitrinazo

29 de julio de 2013 - 06:39 p. m.

Es absolutamente claro que los futbolistas merecen ser tratados como cualquier otro trabajador en Colombia y que la ley vigente está resumida en el Código Sustantivo del Trabajo.

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Ellos merecen seguridad social, aumentos de salarios que pacten con sus patrones, los descansos y festivos correspondientes, la aplicación estricta de las normas, como se supone y se cree que las tienen todos los empleados.

Cualquier primíparo del derecho les contará que los contratos dan derechos, pero también obligaciones. Es la bilateralidad de la que hablan los tratadistas y eso supone que los empleadores adquieren unas responsabilidades crematísticas y los empleados contraen unos deberes para recibir esa remuneración.

Por eso, el Ministerio del Trabajo ha enviado en varias ocasiones a la agremiación de futbolistas el proyecto de ley que está estudiando, meditando, sopesando, para reglamentar la actividad de los futbolistas. El ministro es un hombre del fútbol, santafereño para más señas, y acude frecuentemente al estadio. El proyecto todavía está apenas en elaboración, decantación, y no se ha hecho a espaldas de los jugadores, se les ha invitado a dar sus opiniones.

Lamentablemente la agremiación de futbolistas está en manos de un individuo vitrinero, enfermo de cámaras y micrófonos, que cuenta con la colaboración de alcahuetes en los medios que le hacen la segunda a todos sus trinos y protestas. González Puche está convencido de que mediante ridículos shows mediáticos, banderitas blancas, sentarse en la gramilla, cambiará el curso del estudio del proyecto. En lugar de aportar argumentaciones jurídicas y estudios serios, la agremiación ya entró en paro, ya comenzó a hacer payasadas. Es la forma de trabajar de González Puche: hacerse el mártir, disparar primero y luego preguntar. Lo que le importa es que lo mencionen, que lo entrevisten, que pueda destilar todo el veneno acumulado.

Es el estilo que se está imponiendo en el país, el de los paros, las manifestaciones, las acciones vandálicas y violentas. Dirigentes buenos, malos y peores hay en Colombia y en todo el mundo. Clubes serios, respetuosos de la ley, también. Pero jugadores incumplidos, vagos y poco serios también pululan.

El ministerio está en la obligación de demostrar públicamente que sí les ha enviado el proyecto, que sí les ha consultado, que no se trata de un acto gubernamental unilateral. González Puche también tiene la obligación de demostrar que sus payasaditas mediáticas tienen fondo y que no se trata, como este periodista cree, porque lo conoce de memoria, de otra vergonzosa demostración de su afán de vitrina y publicidad.

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