Las alianzas son acuerdos entre personas o grupos que cumplen propósitos diferentes y responden a otras lealtades.
Esos acuerdos se hacen cuando se encuentran objetivos comunes en medio de visiones divergentes y es necesario unir fuerzas para lograr los objetivos.
Las alianzas políticas entre partidos y movimientos cumplen objetivos diversos. Unos, son exclusivamente electorales, en relación a los umbrales o el número de curules a alcanzar para formar coaliciones. Otras, tienen objetivos de mas largo plazo, como cuando se fusionan movimientos o se crean partidos. En estos casos, es de suponer que los propósitos y las visiones de largo plazo son compartidas.
La semana pasada vimos cómo un movimiento político, el de los Progresistas, se devoró un partido, el Verde. Y en este caso, los propósitos y las visiones son claramente divergentes. Lo que ocurrió, fue una jugada dentro de una estrategia política, con miras a las elecciones presidenciales de 2014 y 2018, donde ganaron Petro y Navarro y perdieron Fajardo, Peñalosa y el gobierno, que permitió que el robaran a uno de sus aliados de la unidad nacional.
El pez grande se comió al chico y Petro, que llegó a la alcadía con un movimiento, hoy tiene a su servicio un partido con una estructura nacional, senadores, gobernadores y alcaldes.
Como están las cosas, y con la derecha y el centro divididos, podría darse un giro que lleve a Colombia hacia la izquierda.